domingo, 18 de noviembre de 2012

LOS ZOMBIS Y SUS SIGNIFICACIONES CINEMATOGRÁFICAS, POLÍTICAS, PSICOLÓGICAS...






Hay algo sospechoso en la exagerada identificación con los zombis en estos días. Las marchas zombis empezaron como un juego y se volvieron una especie de moda-virus. En lo particular no me interesan esas marchas, lo que me llama la atención es cómo han variado las formas de identificación con los monstruos de las películas de horror. Porque de ahí vienen los zombis; por más que ya tengan su historiología, manuales, exégetas y se busquen zombis hasta en la biblia, la verdad es que los muertos vivos más entretenidos son hijos del celuloide.

Yo me crie con los monstruos clásicos y los monstruos de la época en que empecé a ver mucho cine, en los ´80, donde el gore, los efectos especiales y una mayor necesidad de la gente de ser espantada empezaron a cobrar relevancia. El problema fue que asustar se confundió con asquear y ahí aparecieron las trabas a la creatividad. Muchos directores de cuarta categoría se sentían maestros del horror cuando sólo lo eran del gore barato. Los grandes, como George Romero, John Carpenter o el primer Tobe Hooper conseguían una mezcla sana y nutritiva de las dos fuentes y podían hacernos pensar, asustarnos y, de paso, asquearnos un poquito. Es que lo hacían con amor por sus personajes de carne y hueso y por sus monstruos, modelados o en disfraz, no por lograr un golpe de efecto.

Uno se identificaba, si el filme era bueno, con los protagonistas humanos. Al fin y al cabo uno es humano y entiende sus sentimientos y contradicciones por ser del mismo género (humano, no de horror; o ese también, bah). The Thing, 1982, gran película de John Carpenter, es tan inquietante como efectiva porque el grupo de científicos y militares aislados en una base de la Antártida, tomada por un monstruo-virus nunca superado en el cine hasta hoy, en mi opinión, reacciona como podría reaccionar cualquiera de nosotros. La empatía con ellos es total, y hasta el espectador más despistado entiende que ese grupo de hombres intenta no sólo salvar su pellejo sino el de toda la humanidad, debido a que el virus que combaten se expande y contagia al por mayor y de llegar a la civilización acabaría rápidamente con la raza humana. El monstruo oficia acá de metáfora del apocalipsis, y uno lo rechaza ya que, como quizá ocurra con el apocalipsis, si de verdad llega un día a todos nos parecerá que viene demasiado temprano o injustamente. Sólo los locos están listos para morir en masa. Que yo recuerde, ningún espectador se identificó con el infausto bicho de The Thing.

Los demás monstruos clásicos, también potenciados por el cine, generaron identificación siempre y cuando tuvieran humanidad. Los vampiros son un caso emblemático. Desear ser vampiro es sublimar el infantil deseo de no morir nunca, y estar además en permanente estado de erotismo fiestero, seduciendo al sexo opuesto con artillería pesada: eternidad, poder, orgías, lo que mucha gente anhela, con o sin colmillos, y de paso, matando a quién se cruce en nuestro camino. Libertad total, en un sentido muy sadeano.

El hombre/mujer lobo/a corrió suerte parecida. Al principio no tanto, porque en las primeras pelis estaba asociado a maldiciones gitanas y una excesiva culpa del protagonista que no disfrutaba de su nuevo estado semianimal. En suma, era un personaje poco atractivo. A nivel dramático lo era pero a nivel de identificación, no. Después, gracias a la evolución del personaje, quizá aderezado con la onda new age y la ecología, convertirse en lobo significó una conexión con la naturaleza, y también con un sexo salvaje y primario. En The Howling, Joe Dante, 1981, vemos a un hombre recién convertido en lobo coger en el bosque con la mujer loba que lo sedujo, mientras la esposa del tipo lo espera aterrada en su cama, sola, con los ovarios marchitos por el miedo y, quién sabe, por no animarse a retornar a lo salvaje.

Siento que tiene mucho de clasista la selección de víctimas que hacen los vampiros y los hombres/mujeres lobas. En un punto, podríamos decir que el vampiro no es más que un aristócrata que insiste en exponer sus problemas metafísicos o existencialistas mientras usa a los infelices que tiene debajo como almuerzo. No se conforma con chupar sangre, tiene que dejar en claro un punto que lo haga interesante frente a sus colegas o futuras víctimas, sobre todo si son mujeres jóvenes y atractivas y se ve obligado a seducirlas con su aire dark y solitario. El hombre lobo, por su lado, nos tiene que mostrar que está unido a la naturaleza, a lo primordial, cosa de hacernos parecer citadinos retrasados mentales (que sin duda lo somos, pero no nos trae felicidad saberlo) y que es capaz de volver al más puro instinto. Esto se lo dan a entender al que eligen para morder sin comérselo, cosa de transformarlo/a en lobo/a y que los acompañe en su viaje al origen de los tiempos, concepto digno de un programa ecológico de cable.

Las películas de horror de las últimas dos décadas, envalentonadas por la boludez generalizada de las últimas dos décadas, quisieron explorar el costado más idiota de estos monstruos clásicos y lo lograron. En su victoria casi los matan. Productores y directores con mentalidad de gerentes de supermercado nos dieron monstruos de cartón, con un espíritu más cercano a los modelos de pasarela que a la maldad. Una vez alcanzado su estado de gracia vanidoso, recién entonces estos mal renovados monstruos salían a matar y asolar a los humanos feos, sucios, gordos y quizás hasta a dieta. Se cambió miedo por bostezos, terror por lo fashion y lo sensual por la mojigatería hasta dejar al género en estado comatoso. El idealizado tanatos y las mutaciones virulentas del cine de horror fueron a parar al arcón de los recuerdos del siglo veinte.

En cambio, los zombis son algo muy diferente a estos seres mitológicos que, si están bien retratados, tocan una fibra sensible del espectador y apelan a sus deseos frustrados de inmortalidad y violencia desatada. Las pelis de zombis postulan casi siempre el mismo argumento: un grupete de humanos en pleno escape de esos monstruos horribles que alguna vez fueron gente y que ahora no son nada, los zombis, también llamados muertos vivos. La identificación del espectador se da con los personajes persona, que representan a la humanidad condenada a desaparecer aunque moralmente en pie frente a la deshumanización de los muertos. El miedo que dan esas pelis es el de sufrir el ataque incomprensible de un monstruo incomprensible que simboliza el fin del mundo. Y que encima ataca en masa (se sabe que las masas enardecidas ponen la piel de gallina a cualquiera). Pasa que sin humanos no hay pelis de zombis porque sin humanos no hay drama, eso en cualquier película y en cualquier género. Imaginen una película sólo con muertos vivos paseando, gruñendo, babeando, esperando a que aparezca algún humano para comerlo, y luego verlos comiendo y paseando otra vez… más que un filme de horror parecería un filme costumbrista de la vida diaria de un zombi [1]. Si cambiamos el punto de vista cambiamos la propuesta dramática y no hay género de horror, tampoco conflicto vital, ya que el zombi no tiene ninguno.

Ahora bien, después del natural miedo que generan los zombis vienen las interpretaciones, y estas pelis están cargadas de símbolos, críticas, llamados de alerta, etc, mucho más que otras del género. Sea por causas desconocidas, tenga o no connotaciones bíblicas de castigo universal, o sea resultado de un virus creado por el hombre (En The Return of the Living Dead, Dan O´Bannon, 1985, hay una explicación: es culpa de un experimento militar que salió mal, o sea que es “pod culpa del gobiedno” como dice Guille, el hermano de Mafalda), el origen de la plaga zombi importa poco, lo que importa es que la muerte mutó su estado normal y ahora se muestra impotente para cumplir su función: ya no hay desaparición, los muertos siguen en pie, nadie descansa. Ese es el único drama de los zombis, que la muerte los ignora, sólo que no son conscientes de su drama.

En las pelis de George Romero, padre cinematográfico del muerto vivo que conocemos hoy, los valores éticos y morales del grupo que resiste son puestos a prueba por el hecho de tener que hacerle frente a un apocalipsis absurdo. El conflicto se da entre los pocos sobrevivientes que intentan mantenerse humanos mientras combaten a los muertos y, también, a algunos de sus compañeros humanos, necios y codiciosos, que acaban siendo más peligrosos que los muertos de afuera y hacen peligrar la unidad del grupo. Este tono desesperado es el que a mí siempre me gustó de las pelis de zombis. Tono que las de vampiros y hombres lobos carecen porque, al fin y al cabo, ellos suelen ser elegidos que continúan la selecta estirpe de malvados sobrehumanos, mientras que afuera la humanidad sigue existiendo y les sirve de aperitivo. Si los zombis representan el fin de la humanidad, los vampiros y los hombres lobos se nutren como parásitos de la misma, sin ella no son nada. Pero los zombis seguirán existiendo luego de la total extinción de los humanos, igual que se dice seguirían existiendo las cucarachas después de una hecatombe nuclear.

En esencia el zombi no es más que un pobre diablo, producto de algo que salió mal. En sí no es un personaje, no tiene nada para decir, es más bien un síntoma. El miedo que ocasiona existe si hay personas que lo sientan. Podríamos decir que un zombi solo es como el árbol del koan zen que cae y no hay nadie alrededor que escuche el ruido que hace. El vampiro, en ese aspecto, es más humano; el que se convierte en vampiro adquiere otra mentalidad y otra moral y mantiene viva una parte esencial del ser humano: la conciencia de sí mismo. En teoría, el vampiro podría vivir solo porque existe por sí solo.
Por eso causa sospecha que muchos jóvenes se identifiquen hoy con los zombis. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué ven de atractivo en un retrasado mental que va pudriéndose y tratando de morder a otros sin poder decir otra cosa que argggg? Querer imitar a un zombi es imitar a un  mal vacío de significado, es desear ser parte del desastre sin ser protagonista del desastre.

Para buscar respuestas habría que rever las pelis de Romero con la inteligencia de un espectador sensible. Fue él el que le dio un sentido social a los muertos vivos. En ninguna peli de Romero los muertos evolucionan, salvo en Land of the Dead, que se avista un comienzo de razón. Claro que la peli termina antes de que evolucionen ya que, si no, no serían más zombis y no habría horror, como planteé antes. Lo político de sus filmes reside en que las masas de zombis simbolizan alguna parte olvidada o degradada de la sociedad del momento en que fueron realizadas. En Night of the Living Dead, 1968, se jugaba el racismo, las víctimas de la guerra, la incidencia letal del gobierno (“gobiedno”) en la vida diaria. En Dawn of the Dead, 1978, se criticaba a la sociedad de consumo, los muertos eran unos pobres infelices dando vueltas por un shopping entre ropa y artículos de lujo, sin poder acceder a ellos porque la plata ya no contaba en su mundo en descomposición. En Day of The Dead, 1985, era la militarización y el apocalipsis derivado, y así en el resto de títulos de Romero, aunque las últimas son muy flojas y sentimos que perdió su pulso de lúcido hippie politizado (da igual, ya ganó nuestro corazón con las primeras).

Por eso creo que si analizamos a estos fans de los zombis de hoy debemos analizar su contexto social y político igual que con una película de Romero. Es cierto que el contexto social no varió mucho en los últimos tiempos (¿los últimos años, los últimos miles de años…?), los poderosos protegen sus intereses a sangre y fuego y los gobiernos colaboran con ellos o directamente son parte del mismo poder económico. La televisión, internet y todo lo que pueda comprarse y consumirse sin activar neuronas está a la mano de todos, al contado o endeudándose de por vida. Lo que se trata de impedir como nunca (o como siempre) es que la gente piense por sí misma, elabore y desarrolle ideas que puedan ir en contra de estos mandatos dictatoriales del consumo. Suena a cliché, lo que no quita que sea verdad.

Entonces, querer ser un zombi en este contexto, ¿no es entre otras cosas una involuntaria declaración de que la falta de pensamiento es la única forma de imaginar hoy a un ser mitológico y rebelde? Pero, ¿se puede ser rebelde sin pensamiento? ¿Identificarse con un ser amorfo no es dejar en claro que la estupidez le gana al grupo de humanos sobrevivientes que piensan realmente cómo combatir al mal generalizado y que representan los valores esenciales del alma humana? ¿Identificarse con la masa que deglute y aplasta no deja entrever un fracaso político no asumido? Algunos dirán que esto es muy intrincado y que las marchas de zombis no significan más que lo que son, pero yo digo que los zombis siempre significan otra cosa, estén vivos o muertos o, en este caso, simulen estar muertos estando vivos.

Las pelis de zombis del futuro quizá sean al revés, y tengamos que ver a los zombis tratando de comerse a los humanos que ya no serán personajes sino una amenaza que nos puede disparar a la cabeza y matarnos otra vez. Si es así entonces el apocalipsis zombi no dolerá, será cuestión nomás de no pensar en nada y dejarse llevar por la furibunda manada. Como sea, hay que tener cuidado, ya que no pensar en nada es el apocalipsis real que estamos viviendo en la actualidad y son sólo unos pocos los que tratan de combatirlo. Querer ser zombi es decirles a los poderosos que quieren controlarnos que sí nos controlan, que van ganando, porque un zombi de carne y hueso, al revés del de ficción, ni muerde ni asusta ni contagia, lo único que puede imitarle a aquel es que anda con el cerebro desconectado.

De no cuidar la orientación política de estos zombis de las marchas puede que se vuelvan muertos vivos reaccionarios, utilizados contra las minorías. El zombiproletariat es un arma de doble filo y fácilmente manipulable. Por eso damos el llamado de alerta a nuestros hermanos muertos: coman menos cerebros imaginarios y usen el suyo real; crean más en la construcción de ideas y conceptos que en la putrefacción del cuerpo y sus órganos en desuso; no se queden en lo superficial, evolucionen, hay datos genéticos de un pasado humano fabuloso que pueden reinterpretarse y ustedes los cargan en sus células (vivas).



¡Zombis de todos los países, uníos!





[1] El comienzo de Land of the Dead, 2005, de George Romero muestra esta cotidianeidad por unos breves minutos; véanlo y después imaginen una hora y media sólo de eso. Como idea podría funcionar, pero podemos apostar a que los guionistas terminarán agregando algo de humanidad a los personajes zombis cosa de crear una historia interesante, y entonces dejarían de ser zombis.

lunes, 5 de noviembre de 2012

ESTAMPAS 4: LA EVOLUCIÓN DE LA CACEROLA




MORALEJA: No hay ninguna. Si uno se porta como imbécil, necio e irresponsable no deja huellas en su vida ni en la historia, apenas un resto de teflón. Bah, creo que al final sí hay moraleja, pero ojo, que no es tan peronista como parece.

lunes, 8 de octubre de 2012

ESTAMPAS 3: "LAS ONDAS HUMANAS QUE REALMENTE INTERESAN A LOS EXTRATERRESTRES"


Otra vez subí la imagen en alta resolución. Lo mejor será que la bajen a su compu y la lean ahí... o la miren de lejos, con recelo y en miniatura.

domingo, 2 de septiembre de 2012

ESTAMPAS 2: "LA VERDADERA TRAGEDIA DE LOS ZOMBIS"

Como subí la imagen en alta resolución, lo mejor será que la bajen a su compu y la lean ahí... si les interesa, claro, si no... pues no.

jueves, 12 de julio de 2012

LA AUTOCONCIENCIA DE LAS MAQUINAS

Para los que no recuerden la premisa de Terminator (y de algunos relatos de ciencia ficción del siglo XX): el fin del mundo llegaba porque las máquinas (1) generaban tal conciencia de sí mismas que decidían eliminar a la raza humana. Al ver al mítico robot de la peli asesinar a medio mundo sin parpadear nos quedaba claro que ya no nos necesitaban para nada. Bien por ellas.

Terminator está impregnada del miedo al holocausto nuclear típico de la época (es de 1984) y al advenimiento de un futuro de horror cibernético. A las computadoras, máquinas otra vez según Terminator, se las suponía, no dentro de mucho, capaces de tomar el mundo, cosa que agregaba un peligro extra a la deshumanización de la humanidad (viejo tema del cual todavía no se ha dicho la última palabra). Recuerdo un relato que leí de adolescente, por desgracia olvidé el título y autor, donde una computadora global era presentada como el orgullo de la humanidad, o de E.U. en su defecto. La computadora en un momento se ponía caprichosa, hasta mala onda, y decidían apagarla. El cuento era tan naive que el creador de la computadora se acercaba a desenchufar el cable principal. Ahí la máquina lo eliminaba de forma inmediata, dando a entender que ya controlaba el mundo y que nadie podría enfrentarla.

Estas ideas proliferaron hasta los ´80, con la cultura cyberpunk. Hoy podríamos decir que estamos a salvo, el futuro llegó y no hay dominación entre humanos y máquinas, nomás se profundizó la estupidez general que llevaba miles de años luchando por destacar. Tenemos más maquinitas que nunca y a todas luces inofensivas. ¿Alguien puede sospechar que I-phones, laptops, I-pads, o lo que se invente próximamente querrán alguna vez dominarnos? ¿Para qué lo harían? Son igual de inocuas que nosotros. Sin contar con que nos necesitamos mutuamente por ser insignificantes los dos. Quisimos inventar aparatitos (dejemos atrás lo de las máquinas controladoras, es muy elevado) que nos distrajeran de nuestras vidas grises y apenas fuimos capaces de inventar aparatitos tan grises como nuestras vidas. No desaparecerán, pronto serán reemplazados por nuevos aparatos, iguales o peores, aunque sin superarse a sí mismos porque conceptualmente no hay gran cosa que superar.

Sin embargo, debemos admitir -para alivio de algún ochentero trasnochado que todavía tenga miedo del control global de las máquinas- que por nuestra ignorancia y falta de ganas de crecer como seres humanos conseguimos al fin aplastar a las máquinas, que sin duda podrían haber sido superiores a nosotros. Las hicimos a nuestra imagen y semejanza y las aniquilamos, como en el cuento que cité la computadora global aniquila a los humanos. Los escritores de ciencia ficción de antaño eran cultos, inteligentes y previeron todo tipo de hecatombes espantosas. Bueno, fallaron por ingenuos: suponían que tanta inteligencia nos llevaría a la destrucción, que el exceso de creación acarrearía una raza cibernética de dioses artificiales. En vez ganó la frivolidad y la necesidad de no pensar, más fuerte que nada en este mundo.

Aclaro que yo pertenezco a esa vieja generación, la que cree en conspiraciones y amenazas globales (será que nos hace fantasear que tanta intriga es para contrarrestar nuestro supuesto espíritu de lucha). Mi parte racional se rebela a que la humanidad quede idiotizada por aparatitos -gadgets, como le dicen-, y no sea capaz de avanzar. ¿Hacia dónde? Hacia donde sea, siempre y cuando avance.

Y gracias a estar atento a las amenazas pasadas de moda fue que di con lo impensable hoy: el primer atisbo de control de las máquinas sobre nosotros. Nada menos. Es un mínimo, escuetísimo llamado de alerta, pero concreto y comprobable, de la conciencia de sí mismas que las máquinas empiezan a adquirir. Y lo descubrí a la vista de todos. Bueno, de todos los que suelen ir a ese lugar semi-público.



En el baño de una librería ubicada en la Colonia Condesa, librería de mucha calidad y agradable de visitar, fue que encontré el huevo de la serpiente. Este urinario/mingitorio que ven en la foto lo dice todo: una máquina que ya habla en primera persona, que tiene conciencia de sí, de su trabajo y utilidad. Y funciona como tal: uno se ubica delante de ella y el cartel avisa: “detecto”, luego uno mea (perdón por ser gráfico, estoy planteando esto desde un lado científico y no puedo preocuparme por detalles formales) y el cartel avisa: “opero”, que es echar agua. Es cierto que la máquina siempre está acelerada o inquieta por cumplir su trabajo y se adelanta a tirar el agua antes que uno termine de mear, pero enseguida vuelve a tirar otro chorro, o sea que comprende que el mingitorio no está del todo limpio y actúa en consecuencia.

Yo hubiera creído que las máquinas conspirarían primero en, no sé, oficinas gubernamentales de E.U., la U.E., o en el laboratorio de una farmacéutica multinacional, y no, se dio en una librería, el último bastión de una cultura decadente. Puede ser casualidad, también un plan mefistofélico para controlar antes a los débiles mentales, es decir, a los lectores. Lo que relato del mingitorio parece una nimiedad, un detalle, ¿o es el inicio del imperio de las máquinas? En este caso dependerá de cuando el urinario se canse de que lo meen todo el día y salga a la calle por venganza. Quizá no nos mate como el Terminator y sólo nos mee. No suena muy terrible, es cierto, pero así comienzan los problemas; de hecho, es lícito pensar que guerras enteras se gestaron porque alguien meó sobre otra persona. Lo que es un hecho es que ese mingitorio tiene más personalidad que un I-pad, I-phone, I etc, y como se sabe el culto a la personalidad es el primer síntoma que anuncia a un futuro dictador.


 (1) Forma anticuada de llamar lo que hoy llamaríamos… ¿cómo? ¿Computación, Internet, realidad virtual, cibernética, software, hardware, todo junto, o…?

viernes, 15 de junio de 2012

ESTAMPAS 1: "NATURALEZA MUERTA VIVA"

Inicio una nueva sección en el blog. Se llama Estampas y nomás consiste en subir imágenes de vez en cuando con figuritas alegóricas y mucho, demasiado texto. Es cierto, suena como que no lo publicito, pero ¿por qué debería hacerlo? Nadie se entera, y además me dicen que los blogs están muriendo y hasta que no aparezca algo igual con distinto nombre que dé la falsa sensación de novedad me mantengo al margen y con bajo perfil. Sepan entender.



 

jueves, 3 de mayo de 2012

OBSESIÓN AL COSTADO DEL CAMINO



Hay obsesiones que son causa del miedo o la ansiedad. Son las peores, y las más genuinas. Hay otras, en cambio, que pueden ser resultado del aburrimiento, de una distracción momentánea, y no tienen ningún valor porque no hay sufrimiento en ellas, pero también son reales.

Me acercaba al final de un -no muy largo- viaje a Morelia. Costumbre del aburrimiento que me causan todos los viajes, siempre trato de conseguir el asiento junto a la ventana, sea avión, auto, barco. Me molesta ver películas o escuchar la música que ofrecen, inventos a medias. Creo en que si uno hace algo aburrido es mejor aburrirse, no buscar un aliciente igual de aburrido para evitar el aburrimiento que de todas maneras vamos a padecer. Por eso, desde que salimos del D.F. en uno de esos autobuses enormes, vine mirando cada detalle del costado del camino: arbustos, árboles, gente que aparecía un instante y desaparecía al siguiente, los hermosos y algo irreales lagos de Michoacán, gigantescas nubes grises que cubrían medio cielo y que no se decidieron a soltar una gota.

En las afueras de Morelia de pronto nos encontramos a la par de un camión que llevaba un extenso remolque vacío. Era una explanada de madera crujiente en la cual quedaban restos de aserrín, supongo que de la carga anterior. Sincronizados gracias a los semáforos, los dos armatostes estábamos apenas separados por un mini espacio. Observé el remolque. El aserrín se movía con cada frenazo. Parecía vivo, como un pez camuflado en el fondo del mar que se mueve, sutil, entre las corrientes. Y vi un sapo. Un sapo de verdad vivo que saltaba de un lado a otro, acercándose a los peligrosos bordes y enseguida alejándose de ellos. El animalito se movía hábilmente dentro del movimiento del camión, aunque sin dirección. Pegué la cara al vidrio, preocupado. El sapo evitaba la muerte con simples saltitos, los mismos que daba en tierra y que acá se resignificaban de la peor manera. ¿Qué hacía ahí ese sapo? ¿Cómo se había subido al remolque? ¿Estaba preocupado, tenía conciencia de que saltaba en un islote rodeado de cuatro abismos mortales?

Me preocupó que los semáforos se desincronizaran, que el camión o nosotros diéramos una vuelta en alguna esquina y perdiera de vista al sapo, que giraba sobre los mismos lugares y evitaba los bordes repitiendo un paso de baile urgente y vital. ¿Habría entendido que no tenía que acercarse a los bordes, o nomás recreaba el ritmo de sus paseos cotidianos y se brindaba al peligroso azar? En un semáforo en rojo el sapo pegó un salto preciso, estudiado, pienso, y desapareció del remolque. Rogué que su camión arrancara primero para poder ver. Se me concedió el deseo. O más bien, nuestro autobús no pudo salir tan rápido porque unos autos más adelante lo detuvieron. Vi fugazmente al sapo al costado del camino, adentrándose en unos pastos altos. Había sobrevivido. No estaba en su casa ni en su hábitat natural, debería construirse un nuevo hogar y hacerse nuevos amigos en ese espacio del cual no sabía nada pero seguiría viviendo. Miré alrededor: había casas y algunas fábricas cerca. El sapo debería pasar cerca de ellas, incluso podía morir pisoteado en el transcurso de crear su nueva vida. Es obvio que ese peligro lo había tenido siempre, en su hábitat anterior igual. Si había podido subirse a un camión nunca había vivido muy lejos del hombre, o sea que sus probabilidades de sobrevivir eran las de siempre.

El operístico coronel Kurtz, de la operística película Apocalipse Now, se nos presenta por primera vez en la película mediante una grabación. Le dan a oir su voz al capitán Willard, el tipo que debe ir a matarlo. La voz dice algo como que ve un caracol deslizándose por el filo de una navaja, deslizándose por una navaja afilada y sobreviviendo, que ese es su sueño, su pesadilla (la de Kurtz). El coronel, creo, habla de la locura de la guerra y de la vida; de enfrentarse al horror y seguir viviendo, de enfrentar a la muerte más dolorosa sin morir, de que el verdadero horror es quedarse con conciencia del horror sin poder remediarlo y ese conocimiento es la locura total, mucho peor que la muerte. En un arranque de humilde obsesión pensé en el sapo durante los siguientes minutos, y aunque no fue mi obsesión original porque no la inventé yo, pude entender lo que me trajo cierta ansiedad: un sapo que salta de un lado al otro sobre un piso que se mueve sin ir a ninguna parte, que merodea la muerte sin morir, que cae al suelo y sobrevive sin un rasguño para seguir con las mismas probabilidades que antes de ser o no ser pisado, que vive sin ningún objetivo concreto, me generó la idea quizá no de pesadilla pero sí de un sueño denso, molesto, como de mala digestión, que necesitaba descifrar.

Uní esta imagen con el caracol de Kurtz. Las diferencias eran notorias; acá no había locura, ni muerte, ni horror, sí cierto dolor y resignación. Ese sapo se erigió como símbolo de la vida cotidiana (paradójicamente para él con la vida cotidiana de los humanos, no con de los sapos), con el horror que sentimos frente a la irrevocable mediocridad de todos los días, de ir a trabajar, de convivir con otros seres igual de desprotegidos que nosotros, sin futuro, apenas con un presente frágil rodeado de abismos letales que sin embargo no matan del todo; y así continuamos dando vueltas hacia un laberinto sin centro, evitando morir. Si nos cayéramos de esta falsa estabilidad, fantaseando con que podría ser la muerte, comprobaríamos lo peor: sobrevivimos y encima continuamos nuestro camino hacia más tedio, repeticiones y ninguna sorpresa.

Ese fue mi sueño, o pesadilla humilde, pesadilla de lunes a viernes. Con tal de no ver películas comprimidas en pantallitas incrustadas en la parte de atrás de los asientos, de no escuchar música que compitiera en ruido con el motor, di con ese sapo y su karma tragicómico. Ese animalito, mi hermano, nuestro hermano, me ofreció una analogía con la vida que nadie más en esas horas de ruta me hubiera podido ofrecer. Al bajar a tierra, buscar mi mochila, pedir un taxi y calcular el tiempo que tenía hasta entrar a trabajar, imaginé que el sapo, instantes antes, habría hecho lo mismo en su nuevo barrio: prepararse para un nuevo día de actividades terrenales, inocuas, inofensivas. Pero los bordes y el abismo seguían ahí, al acecho.

lunes, 23 de abril de 2012

VOLVIÓ LA VIDA


En referencia al texto sobre nuestro vecino (LINK), agrego un par de nuevas fotos. El gato negro que sólo una vez vi caminar por la azotea volvió, y sigue volviendo.

Lo verán agazapado, a la espera de cazar una paloma que no llegó a cazar. En los últimos días apareció también un gato de manchas grises y marrones, que se camufla a la perfección entre las hojas muertas de la azotea. La foto está algo borrosa pero elegí esa porque las demás que le saqué, al estar entre las hojas, hace imposible distinguirlo aunque esté en foco




Ninguno de los dos pertenece a la antigua camada de gatos, que sigue sin volver y posiblemente nunca vuelva. Tiene sentido, se trata de un nuevo ciclo. Una persona supersticiosa diría que un gato negro en una casa vacía donde una persona murió es signo de mala suerte. Pero ese tipo de creencias tiene que ver con la estupidez, no con los signos. Que en esa casa olvidada apareciera un gato, y luego otro, es señal de vida y la vida es más importante que la suerte.

Justo ayer noté que alguien estuvo en la casa, quizá el pariente lejano que vino después de que el vecino murió. No barrió las hojas de la azotea ni se dejó ver, sólo me di cuenta que estuvo porque corrieron las cortinas del lado de adentro. No sé si eso es señal de vida, quizá de cierto movimiento nada más. Seguramente vendan o habiten la casa en el futuro, mientras tanto sigue tomada por una distante melancolía, hecha de recuerdos que nadie puede recordar más que el que se fue.

miércoles, 4 de abril de 2012

NINGUNA IMAGEN VALE MÁS QUE MIL PALABRAS, PERO...

... hay veces que uno no sabe qué escribir, o no puede escribir. Yo estoy en uno de esos días. Por eso apelé a lo que ven abajo, ya que, como se dice (y al parecer está razonablemente aceptado por todo el mundo), una imagen vale más que mil palabras. Si tuviera algo decente qué escribir negaría esa frase idiota, pero no tengo, y la verdad que prefiero mentir con una imagen que redactar un texto sobre “la imposibilidad de escribir”, clásico recurso tramposo de decir algo sin decirlo de frente, o sea, sin animarse a decir lo que hubiéramos querido decir si pudiéramos decirlo. Por eso, miento con un dibujo. ¡No me juzguen! ¡Perdónenme, que el espíritu de pascua esté con vosotros, o la fuerza, o lo que encuentren tirado por ahí que sea medianamente sobrenatural!

NOTA: debido a los cambios de blogger las imagenes no se ven muy grandes ya. No queda otra, al parecer, que bajar la imagen a la compu, ahí se verá más grande de lo que necesitan. O sea, ni una ni otra realmente sirve, pero es lo qui ay.

martes, 13 de marzo de 2012

RÉQUIEM PARA UN MISTERIOSO AMANTE DE LOS ANIMALES

A Juan Marcos, que encontró una perrita en un campo donde practicaba ala delta. Sus compañeros dijeron que estaba bien a pesar de estar flaca, que seguro vivía con alguien. Juan no inventó historias para tranquilizarse, aceptó que estaba sola y hambrienta y se la llevó a su casa. La perra ahora está alimentada y feliz. Ella lo adoptó a él.


Cuando nos mudamos a este departamento sentimos que era ideal para nosotros; la cuadra era tranquila, cerrada, no habían edificios altos cerca, el ruido del periférico no nos alcanzaba. El primer día de mudados, después de comer, notamos una agitación afuera. Nos asomamos y vimos cientos de pájaros de todo tipo apoyados sobre los cables y cornisas de los alrededores. Para los que hayan visto Los Pájaros (Alfred Hitchcock, 1963) y recuerden esos bichos amenazantes, bueno, esto fue tal cual, sólo que acá los pájaros no parecían interesados en atacar a nadie, nomás se los veía a la expectativa. Un rato después, en la casa de enfrente, un hombre salió a la azotea con un balde y empezó a tirar maíz. Eso era lo que los pájaros estaban esperando, aunque no avanzaron hasta que el hombre terminó de echar todo el maíz. Ahí sí, aterrizaron en bandadas a comer.


 Pájaros esperando su almuerzo

Pasó el tiempo y nos acostumbramos a este ritual diario. Nos sorprendió que los pájaros, en su mayoría palomas, nunca se quedaban, nunca hicieron nidos, y después de cada comida desaparecían hasta el día siguiente. A pesar de tanto espectáculo, el ritual principal no eran las aves sino los gatos, la azotea del vecino estaba siempre llena de gatos. Con mi mujer calculamos que tendría entre diez y doce, llegamos a reconocerlos a todos. El tipo se movía a gusto entre ellos. Confieso que varias veces al día yo miraba (no espiaba porque no me escondía al mirar, o eso quiero creer) al tipo interactuar con sus gatos, que lo merodeaban constantemente. Él mismo era medio felino, se lo notaba silencioso, atento, y la forma de relacionarse con ellos era de igual a igual, rara vez los cargaba o les daba besos. Sólo cuando alimentaba a los pájaros los gatos desaparecían. Algo les diría que regresaban inmediatamente después de que los pájaros terminaban el almuerzo.

Las gatas del grupo eran las más tranquilas; dormían y paseaban con parsimonia, esquivando gatos juguetones a menos que quisieran jugar. Los machos, dependiendo de la edad, solían llevarse bien entre ellos, salvo uno, sucio y magullado, el malo de la cuadra, que les pegaba a todos. Una tarde lluviosa vi una pelea antológica entre ese malevo y un siamés callejero, con físico de rugbier. En esos casos el vecino subía a la azotea y con voz firme interrumpía los golpes. Pasaron los meses, años, y siempre, por lo menos una vez al día, nos asomábamos al balcón a ver la novela silenciosa y sin argumento de los gatos: sus caminatas, sus siestas, su atención sobre todas las cosas, sus miradas tranquilas, ausentes y presentes a la vez.

Un día el portero me contó que esos gatos no eran del vecino, eran del barrio, y que algunos venían de bastante lejos, aunque en la práctica vivían con él. Es cierto que el tipo les daba de comer, como es cierto que les abría su casa. Yo creí que tenía familia; no, vivía solo. Además de pájaros y gatos alimentaba a los perros callejeros del barrio. Caminaba varias cuadras para llevarles comida a unos perros de la colonia Nápoles que no salían de la zona.
Hace un año y pico el vecino empezó a pintar su casa. En el frente tapió una puerta con rejas que nunca usaba, y al lado pintó lo que parecía ser una puerta o ventana de estilo arabesco. Me pareció divertido el cambio, una puerta real sin uso por una puerta imaginaria de uso desconocido. Empecé a ver a este hombre como a un tipo de rica vida interior, o generosa (¿será lo mismo?), que casi nadie notaba. No era un solitario que daba de comer a los animales por ocio, era mucho más; él mismo era parte de esa fauna de animales de ciudad, que suelen estar solos, andan solos y mueren solos.

El recuerdo del vecino aparece por varios motivos, todos buenos excepto uno, que me generó un contraste violento con este ignoto amigo de los animales. Alguien que odiaba a los perros empezó a dejar veneno en las plazas de nuestro barrio, San Pedro de los Pinos, y en Tacubaya. Muchos perros comieron esa comida envenenada y murieron. Esa no fue noticia, al menos no en los diarios, fue noticia cuando un vagabundo también comió de esa comida-trampa y murió. Pregunté por ahí si habían agarrado al asesino. Nadie sabía nada. Sentí tristeza, impotencia, furia; por los animales, por ese pobre tipo que comió lo que supuso eran restos de comida de algún peatón distraído.
Alguien capaz de hacer eso se detesta a sí mismo pero como por desgracia es demasiado cobarde para suicidarse prefiere matar a otros. Fantaseé con encontrarlo y triturarlo a golpes pero no se supo más nada, sobre todo desde que empezaron a buscarlo por homicidio. Por lo que escuché no hubo más muertes caninas ni humanas, tampoco encontraron al culpable, si es que realmente lo buscaron (animales callejeros y vagabundos no son queridos por la sociedad, menos por la policía, si no, no serían callejeros ni vagabundos). Supongo que lo que me llevó a comparar este inmundo caso con el de nuestro vecino fue el vacío, el vacío generado. Hace menos de un año notamos que de pronto ya no había tantos pájaros esperando la comida, ni la cantidad habitual de gatos. Pasaron los días y los animales fueron abandonando en forma gradual la azotea.

Fui a preguntarle a nuestro portero temiendo lo peor, y fue lo peor. El vecino había muerto por un problema de diabetes. No tenía familia (humana) salvo una pariente lejana, que fue un día a buscar sus cosas, o a ordenarlas, y se volvió a ir. Al parecer una vecina de la cuadra que lo conocía lo lloró varios días seguidos, decía que era una persona excepcional. Lamenté mi vergüenza y mi fobia habitual de no hablar con nadie. Había pensado alguna vez preguntarle al hombre sobre sus animales; no lo hice y no tiene sentido lamentarlo ahora. Quise indagar algo más de la vida del vecino, lo único que supe es que la gente que a veces iba a su casa, según mi portero, eran parte de un grupo de meditación, o algo así, y que él profesaba “una religión hindú”.

En todo este tiempo no volvió un solo gato de la antigua camada. Con mi mujer buscamos por la cuadra y por el barrio a ver si dábamos con alguno paseando por las noches. Nada. Ni el siamés, ni el de cuello blanco, ni el malevo, ni la gata de tres colores, ni el cachorro gris, ninguno apareció nunca. Los pájaros tampoco. Está claro que no volvieron a la casa por respeto. Los gatos podían hacerlo: un árbol de la calle permite subir fácilmente al techo y una casa abandonada no es sitio despreciable para un animal solo. Será que prefieren mantener los buenos recuerdos y esa casa, con tanta ausencia, no ayuda.

 Casa del vecino en la actualidad

El paso del tiempo y las estaciones llenó de hojas la azotea que nadie limpió. Quedó un bebedero que usaban tanto los gatos como los pájaros, hace poco noté que ya no estaba. Un globo medio desinflado cayó una tarde y estuvo semanas ahí hasta que terminó de desinflarse y desapareció bajo las hojas. Ayer vi un gatito negro, nuevo, joven, subido a la azotea. Él no podía saber la historia de ese lugar ni cuantos compañeros había albergado, y no tenía porqué saberlo. Durmió, se lavó, miró un rato hacia ningún lado y bajó por la escalera que llevaba al jardín del fondo. Tal vez él sí logre hacer propio el espacio.

Muy seguido pienso en los antiguos gatos, en los pájaros, en el vecino, y miro su puerta pintada de estilo arabesco. Tengo la agridulce fantasía de imaginar que todos la cruzaron para ir a juntarse en un espacio desconocido, tan misterioso como fue aquella casa compartida, aunque sólo el vecino cruzó el umbral, los animales siguen por aquí, en algún lugar. Me consuela pensar que mi parte de gato, la de mirar y perder el tiempo mirando a otros gatos, sigue intacta y en gran parte se la debo a este Asís de San Pedro y su azotea de animales contentos. Nadie lo conoció, nosotros tampoco, ni siquiera supimos su nombre. Pero no lo olvidamos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

GLOSARIO CÍNICO Y MALINTENCIONADO (3 Y ÚLTIMA PARTE)

Podría seguir, pero ¿para qué? Nadie lee ningún diccionario completo, sólo lo que necesita saber, y en este caso nadie pidió saber nada o sea que el final está bien merecido.



SECRETO: Que debe saberse.

MAGNATE: Forma individual de mostrar el desprecio a la humanidad mediante la acumulación.

BORRACHERA: Alma en estado puro, sin las trampas formales de la sobriedad.

SOBRIEDAD: Máscara del alma que impide ver con claridad lo hay detrás. // Impostura permanente, aliviada sólo por la sonrisa estúpida y babosa de la borrachera.

POETA: El que siente el mundo según le convenga a sus versos.

NOVELISTA: El que narra el mundo con plomo en los dedos // Que tiene el don de la literalidad y de acumular capítulos.

CUENTISTA: El que se cree fuera de serie por aburrir con menos palabras que el novelista.

MEXICO: País de gente amable y cordial que se desquita al manejar su auto.

LÁSTIMA: Método para conseguir muchas cosas en esta vida: trabajo, dinero, esposa o esposo, excepto dignidad. // Dignidad vista de forma realista.

PERIODISTA: Ex prostituta/o que ya casi no cobra por su oficio // Triste ser al que le pagan poco, a destiempo, según la nota, no le dan ni un cuadrado en la oficina, escribe lo que otros le dictan pero al menos no tiene opinión propia.

DIARIO: Pliegos de papel que ensucian los dedos y las opiniones. Ofrece noticias del día que ya están viejas. Para saber más sobre un hecho hay que esperar a los diarios de los días subsiguientes o escuchar los rumores.

REVISTA: Antigüedad en desuso o en uso, dependiendo de su inutilidad. Se consigue en tiendas de antigüedades y puestos callejeros.

POPULARIDAD: Imagen de una persona frente a los demás que nada tiene que ver con cómo esa persona se ve a sí misma en el espejo.

TOLERANCIA: Fingir que soportamos lo que no soportamos en pos de una hipocresía a la cual no adherimos del todo.

CREATIVIDAD: Enfermedad que las civilizaciones tratan de destruir hace milenios; quedan terroristas que la ejercen.

GENOCIDIO: Evitable.

SEDUCCCIÓN: Método hipócrita y manipulador para conseguir lo que queremos.

TORTURA: Método hipócrita, manipulador y doloroso para conseguir lo que queremos.

MUERTE DE CAUSA NATURAL: Sospecha de asesinato.

CULTURA: El último refugio de los canallas (se dice que es la política pero no es cierto, la política es el anteúltimo) que no saben cómo conseguir mujeres por ser demasiado inseguros, soberbios, poco atractivos, aburridos y carentes de todo tipo de espontaneidad. Las mujeres practican este rubro inútil también pero el motivo, siendo que el que redacta esto hombre, se me escapa, pero debe ser tan interesado como el nuestro.

ANALFABETISMO: Consecuencia del recelo de los alfabetizados.

ORIENTALES: Habitantes del otro lado del planeta idealizados por los occidentales, no por ellos.

OCCIDENTAL: Que lo cubre casi todo, no es idealizado por nadie.

ASESINATO: Lo que comete un civil, el Estado ejecuta.

DESEO: Lo que nos mantiene vivos y en movimiento… si un psicoanalista nos lo explica.

RISA: La única forma real y concreta de vencer a la muerte, que es seria y solemne y sólo se ríe cuando se le cae la máscara de la calavera.

GENIALIDAD: Falla en todos los aspectos sociales y formales de una persona.

MUSEO: Cementerio elegante de lo que hace mucho tiempo fue totalmente destruido.

PRESENTE: Todo lo que aún no fue destruido y mañana estará en un museo.

SOCIEDAD: Empresa involuntaria entre millones de personas aglutinadas en ciudades, a las que desune todo lo que puedan desear y compartir y une estar pegadas unas a otras.

SOCIEDAD: Empresa formada por dos o más integrantes a los que une la desconfianza y desune un interés en común.

INDEPENDENCIA: Estado de gracia de una nación que dura mientras los hijos de los colonizadores ejecutados no crezcan.

ESPERA: Postergación voluntaria de una gran desilusión.

NAZISMO: Bacteria peligrosa que desde 1945 se trata de aislar encerrándola entre las rejas de la historia alemana. Sin embargo, vivía desde mucho antes y sigue activa hoy en naciones que guardan sus cepas de forma secreta e ilegal, como la viruela.

MENDIGO/A: Reflejo de lo que seremos si logramos independizarnos.

miércoles, 25 de enero de 2012

GLOSARIO CÍNICO Y MALINTENCIONADO (2 PARTE)

OPORTUNISTA: Cualquiera al que le vaya bien.

ESPEJISMO: Utopía.

ANHELO: Sentimiento del calumniador que quisiera que lo que dice sobre otros ojalá fuera cierto.

RESENTIMIENTO: Sentimiento primigenio. // Parte del carácter de una persona que es juzgada duramente por la parte de la sociedad que se lo generó. // Lo que nos distingue de los animales.

PENSAMIENTO: Lo que también nos distingue de los animales, por eso ningún animal nunca intentó pensar.

CINISMO: Miedo a exponerse // Maquillaje de guerra hechos de polvos finos y suaves que sirve para tapar lo podrido, en este caso sentimientos que averguenzan y humillan al maquillado.

MARICÓN: Palabra en desuso por políticamente incorrecta, que sólo puede ser empleada por homosexuales que se sienten tan impunes como para definirse a ellos mismos en la forma que antes lo hacían sus adversarios más intolerantes.

NEGRO (NIGGER EN INGLÉS): Palabra en desuso por políticamente incorrecta, que sólo puede ser empleada por negros que se sienten tan impunes como para definirse a ellos mismos en la forma que antes lo hacían sus adversarios más intolerantes. Sólo los afroamericanos lo usan, en África son demasiado pobres para la autocrítica.

BLANCO: Palabra en desuso no tan políticamente incorrecta como debería ser, que refiere a un color con incidencias criminales, no de raza // Persona de piel medio transparente o descolorida que aprendió a ser tolerante con los otros después de pasarse miles de años asesinándolos // Verdugo cansado y por ende progresista.

ESTUDIO: Superstición inventada por el hombre en las últimas etapas de aprendizaje de la ignorancia. // Deseo de ganarle a la muerte y a lo infinito, frustrado por la muerte y lo finito del cerebro humano.

MADUREZ: Polvo acumulado en la cabeza a lo largo de los años, endurecido en forma de cólicos. Se la utiliza poco antes de morir y si se muere de viejo. // Entenderlo todo cuando ya no se puede evitar nada, lo que se entiende igual no es gran cosa.

RESARCIMIENTO HISTÓRICO: Disculpas que un pueblo le confiere a otro pueblo que masacró en un pasado tan lejano como para que todos sus genocidas murieran de viejos y sólo se juzgue la memoria // Juzgar lo antes ocurrido a un pueblo ya reconocido por organismos internacionales, mientras hoy se masacra a otro pueblo ignorado por los organismos internacionales, o sea un pueblo pobre.

PEDERASTA: Cura al que no le alcanza la sotana para cubrir sus pecados. Si se trata de un civil se lo condena, si pertenece a la Iglesia es inocente porque nadie lo vio hacer eso.

VICTIMA: El que no se defendió a tiempo pero ya lo hará // Débil de reflejos.

VICTIMARIO: El que fue víctima antes. // Hábil de reflejos.

INÚTIL: Discusión o polémica entre argentinos.

ASTROLOGÍA: Fe inexistente a la que adhieren creyentes y ateos // Ciencia religiosa que mira el piso y que sólo incluye planetas y estrellas si están dibujados en un póster o calendario // Brujería elegante que empuja a sus seguidores a mirar las estrellas y deducir que todo ahí arriba está a favor nuestro y según nuestros insignificantes intereses.

FUEGO: Elemento que salvó al hombre en sus orígenes y lo condenará a lo último. Casi siempre es él quién lo inicia, raspando un problema y sacándole chispas que causarán la llama de la solución final.

ALIVIO: Lo que siente alguien que frente al pelotón de fusilamiento se entera que sufre de un cáncer incurable.

VIOLENCIA: La forma de relación más sincera, concreta y no asumida entre las personas. // Derivado del comercio, del ocio y una ligera falta de entendimiento.

VIDA: Ficción mal interpretada.

FIN DEL MUNDO: Resultado del exceso en el afán de lucro.

AMERICANO: Mote amable que se dan a sí mismos los norteamericanos ignorando que dejan afuera al resto de América. Aunque se les aclare el punto siguen sin ver qué más puede haber debajo del Río Bravo, pero sospechan que puede haber algo en Canadá.

MEMORIA: Necedad de una persona en tratar de olvidar que la causa de sus males es ella misma // Recolección de fragmentos breves, inconexos y tergiversados de toda una vida que evitan al que recuerda cualquier responsabilidad de sus actos, y de ser feliz.

MEMORIA HISTÓRICA: Hecho que es tan importante para un pueblo que exige que otros pueblos lo recuerden a la fuerza. // Frase remanida que cada nación en el globo supone ser la creadora: “En México / Argentina, etc, no tenemos memoria…”, salvo en las potencias económicas, donde supieron reemplazar la memoria por un presente continuo de generar dinero y descuartizamiento de terceros en pos de producir.

CHISME: Injurias justificadas o injustificadas, depende. // Golpear sin los puños // Hacer doler a otros en su ausencia.

RUMOR: Chisme civilizado.

TIEMPO: Materia invisible que malgastamos, denigramos, pisoteamos y le concedemos el honor de ser un gran tema filosófico // Lo que la muerte nos quita de un plumazo.

ROMANCE: Calma que precede al temporal // Breve arco iris a punto de ser deglutido por nubes llenas de agua fría y electricidad.

POBRE: Culpable del cargo que necesite llenar el juez o la policía en el momento.

HAY QUE VIVIR LA VIDA: Frase dicha por gente desahuciada y sin posibilidad de retorno.

miércoles, 18 de enero de 2012

GLOSARIO CÍNICO Y MALINTENCIONADO (PERO SINCERO)

Dibujo: Alguien lo hizo Color: Teresa Clark


En esta sección del blog retomamos la tradición de antiguos cínicos moralistas que para no tragar en soledad su amargura, efecto de la falta de justicia en este mundo, optaron por ser agresivos para juzgar las actitudes de los demás (y a veces las suyas propias, pero muy de vez en cuando. Y bueno, eran genios, sí, pero también humanos) .

Mi corazón y mi palabra van con todos los Jonathan Swift, Ambrose Bierce, Leon Bloy, Mark Twain y demás destructores de la hipocresía y estupidez humanas de este mundo. Si algún perspicaz sospecha que al homenajearlos me estoy comparando de forma tramposa y/o velada con ellos diré en voz alta que no, aunque en el fondo de mi corazón diga que sí. ¿Y qué quieren? Si deseamos ser mordaces, cínicos y malditos lo más sano -aunque complicado- es empezar por nosotros mismos y sacarnos la careta para ver nuestro costado más bajo y lamentable. ¿Ustedes se atreven?

A continuación van algunas definiciones de palabras y expresiones -algunas modernas, otras clásicas-, en el estilo el diccionario del diablo de Ambrose Bierce, que me parece un proyecto que debe prolongarse en el tiempo, con nuevas definiciones y nuevos autores, al igual que ocurre con los diccionarios comunes. Lo que inició Bierce con su diccionario fue decir verdades crudas y seguramente tan falsas como las verdades científicas de un Larousse, Espasa Calpe, Enciclopedia Británica y etcéteras.
No va en orden alfabético ni temático sino de mi capricho.

1) Iniciamos la sección de diatribas de este blog con el Decálogo Infame del Guionista Cinematográfico, que pueden leer, o no, más abajo.

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GLOSARIO 1 PARTE:


FAMILIA: Inicio de todos los males // Base de la sociedad.

NIÑO/A: Ser iluminado por la ternura y la crueldad. Quiere todo para sí y sólo se mira el ombligo. Únicamente sus padres pueden doblegarlo y humillarlo porque ellos lo tuvieron para sí antes de que naciera. // Ser a medias, con desventaja en referencia a sus padres que rapiñaron el terreno, vaciaron de habitantes la zona y planearon cómo tomar el mando antes de que naciera el primogénito desprotegido, apenas vestido con harapos azules o rosas.

ALEGRÍA: Excitación momentánea que puede causar taquicardia, jadeos, sudor, caídas y burlas.

ARTE CONTEMPORÁNEO: Definición carente de sentido. En sociedades capitalistas de primer mundo, y de tercero, se la utiliza como argucia de lenguaje para disimular la falta de artistas y hacer creer que se trata de un asunto relativo a la época. // Malestar que afecta a la estética y que se prolongó tanto tiempo como para dejar de ser contemporáneo; sólo se cura con talento.

SOBERANÍA: Tierras aún no conquistadas.

PIRATA: Diplomático con espada.

DIPLOMÁTICO: Pirata con espada.

PARTIDOS POLÍTICOS: Pilares agusanados que evitan, momentáneamente, que una democracia relativa o nula caiga en manos de revolucionarios o dictadores absolutos.

MENTIRA: Método que tanto honestos como estafadores están obligados a ejercer tarde o temprano, pero al que sólo los honestos condenan por medio de la palabra.

CINE: Imagen en estado gaseoso; arte sin solidez // Al ser calificado como séptimo arte los impulsores de este medio dejaron de ganarse el pan e impidieron su crecimiento, dejándolo a la altura de un enano que puede estirar el brazo y agarrar un premio de plata, oro, o un canapé en un cóctel. // Arte joven que murió a fines de los ´70. Sus continuadores practican la necrofilia.

HIPOCRESÍA: Realidad totalitaria ejercida por todo mundo sin asumirlo (o asumiéndolo, pero sólo los iluminados), a la que apenas se le opone la fantasía minúscula de una minúscula parte de la población mundial que pronto será castigada // Ente absoluto sin oposición, salvo algunos virus aislados que mueren al primer contacto con el calor de las relaciones humanas.

REVOLUCIONARIO: Ser contradictorio que suda buscando el equilibrio entre la justicia y la venganza. // Virtud de no escuchar críticas cuando se mata por venganza y se hace justicia.

REACCIONARIO: Reacción de un individuo sin capacidad de movimiento // Persona paralizada por el miedo que se sacude con violencia para impedir que otros hagan // Ser con dolorosa constipación intestinal y cerebral. No es capaz de liberar esfínteres por sí solo pero sí soldados, policía y libelos de prosa solemne y carente de vaselina.

PARANOICO: Cobarde maldecido con una gran capacidad para la imaginación.

TRABAJO: Esclavitud pasada por corrector de estilo. // Superstición inventada por el hombre en las primeras etapas de aprendizaje de la ignorancia. // Lugar que dejaron vacante las brujas y monstruos al aceptarse que no existen; sin embargo, en la actualidad el trabajo existe sólo porque los estúpidos creen que existe.

POLÍTICAMENTE CORRECTO: Término inventado por sajones que se muerden la lengua para no decir lo que sienten y son obligados, por ellos mismos, a balbucear amabilidades a favor de todo aquello que detestan // Término burlado, analizado y deconstruido en su intrínseca hipocresía por latinoamericanos y europeos progresistas cuyo sentido acatan. Los europeos dejan de acatar si se interpone en el camino del fascismo.

POLÍTICAMENTE INCORRECTO: Decir lo que se piensa.

CULTURA POP: Falta de cultura derivada de la televisión y revistas de moda. // Escudo utilizado por creadores actuales sin talento que les permite cubrirse de críticas dolorosas // Liviandad aburrida // Oposición a la cultura con mayúsculas, que también fue usufructuada por los actuales adherentes a la cultura pop antes que fueran expulsados de aquella.

LIBERTAD: Utopía que el ser humano no parece ser capaz de alcanzar, en vez alcanza utopías malvadas que están a la mano: destrucción del planeta, esclavitud, guerra nuclear, extinción de especies,………………. (Llene el espacio con lo que usted más odie y tema y a la vez ayude a proliferar gracias a su parálisis y servilismo).

AMOR: Objetivo que por ser utópico no se alcanza pero al revés de la libertad, una utopía que no despierta interés, al amor se lo intenta alcanzar desesperadamente. Para tratar de encadenarlo se inventó el matrimonio, antes de eso la monogamia y luego una mezcla conceptual de delirios de convivencia y patadas conyugales.

MUERTE: Único y verdadero descanso en esta vida al que todos temen porque deja afuera el ocio, la vagancia y el chisme.

ACCIDENTE AEREO Y/O AUTOMOVILÍSTICO: Fallo, o acierto, en estadísticas que en un principio se referían a otros y sus respectivas muertes, no la de uno.

EVOLUCIÓN: Transformación que han experimentado animales y vegetales durante millones de años mientras el hombre lo medita y evalúa.

COMPETIR: Único resultado del perdedor. // Participar por el gusto de la travesía sin llegar a la meta.

GANAR: Desprecio y burla respecto al verbo competir.

GANADOR: Perdedor que cree que lo que ganó es un mérito y no lo que otros ya dejaron establecido que iba a ganar // Persona que sostiene las sobras de otros mientras sonríe para la foto.

OFICINISTA: Ser oscuro y macabro al que la rutina aplaca la pulsión de vida, no de muerte, activada desde el momento en que contesta al futuro jefe cuánto quiere ganar y que media hora de almuerzo está bien para él/ella.

MILITAR: Ser que de tanto negarse a sí mismo termina por creer que matar a otros lo eleva al nivel del suelo, el que sus superiores le enseñaron a mantener sobre su cabeza y con la punta de la lengua asomando para lamer calzados.

RACISTA: El que define a los demás con insultos e injurias que, a pesar de que salen de su boca, no parecen tocarlo. // Individuo que al avanzar las sociedades modernas se le enseñó a callar en vez de decir lo que quiere decir, cosa que lo hace usar engranajes de pensamiento antes en desuso y llevarlo a una evolución más sofisticada y peligrosa de sus prejuicios.

ATEO: Ser jactancioso y superado que desdeña la idea de dios, atribuyéndose como descubrimiento propio el hecho de que nunca existió un dios // Ser que niega un padre y un orden cósmico en favor de la astrología.

ACTO SEXUAL: Motivo esencial de la no extinción del ser humano hasta que aburra o deje de dar placer.

martes, 3 de enero de 2012

INSTANTÁNEAS EN MOVIMIENTO

En mi opinión hay dos maneras de lidiar con la multitud cuando uno camina por la calle: ir con la marea humana y seguir su ritmo -y no enojarse si uno se mueve de a centímetros-, o avanzar a pasos largos, concentrado, tenso, esquivando a cada transeúnte. Ninguna manera es afortunada. Como acelerado que soy, opto siempre por la segunda, pero aún dentro del vértigo de esquivar y correr alcanzo a ver cosas interesantes en las calles. ¿Podría ver más cosas si fuera despacio? Prácticamente las mismas, ya lo comprobé, claro que al caminar rápido hay que estar alerta a los detalles porque se los deja atrás en un parpadeo.
Hace unos días, al ir a trabajar al centro histórico, pasé frente a varios “detalles” en la avenida Juárez. Debí frenar y volver sobre mis pasos para apreciarlos bien.

1 detalle: Un señor muy elegante caminaba delante mío, conciente de su porte y la calidad de su ropa. De pronto se desvió a la plazoleta ubicada en la entrada de Relaciones Exteriores y delante de un mendigo que descansaba en un banco se puso a mear las plantas de la plazoleta. Fue tan al grano que pareció estar haciendo cualquier otra cosa: observando el paisaje, prendiendo un cigarrillo, arreglándose el pañuelo del cuello. El mendigo, educadamente sentado, lo miró con extrañeza y después me miró a mí, risueño. El hombre elegante se subió el cierre sin mirar alrededor, quizá suponiendo que como él estaba bien vestido, y por ende fuera de sospecha de ser un marginado social, nadie había advertido su alevosía.
Sin hacer analogías con la carta robada de Poe, de lo que está muy a la vista no se ve, etc, me dio la sensación que, en efecto, nadie reparó en el tipo meando. Un grupo de policías vigilaba una marcha en contra de las corridas de toros, un contingente de turistas hablaba y señalaba puntos del lugar, la gente iba y venía por la calle, pero sólo yo en mi acelere y el mendigo en su tranquilidad descubrimos al impune. El mendigo murmuró algo, mientras observaba alejarse al señor elegante con la sabiduría, o certeza, de que a él no sólo lo juzgaban cuando hacía algo similar sino que también todos lo veían, y con repulsión.

2 detalle: en la entrada a la estación de metro Juárez, rodeada de vendedores ambulantes, locales y olor a comida, descubrí -invisible hasta para los ojos que pueden ver- un cartelito con un texto en braille, a un costado de la escalera. Muchas veces entré y salí de esa estación y nunca noté el cartelito. Parece anunciar, no puedo saberlo, la entrada al metro. Sin duda es un cartelito triste, ignorado por los que ven y en especial por los que no ven. Un ciego, si se atreve a encarar esta ciudad intransitable, donde casi no hay banquetas (veredas), o cuando hay están plagadas de caños, desniveles, pozos, etc, jamás va a necesitar un cartelito en la entrada del metro que le anuncie que está en la entrada del metro. Si llega hasta ahí es porque antes sorteó obstáculos peligrosos, o al menos más peligrosos que una escalera. ¿Por qué debería ir tanteando las paredes en busca un cartel que le diga lo que ya sabe, o de lo que puede averiguar solo? Si se tratara de otra información, ¿cuál sería? ¿Qué secretos puede revelar un texto breve ubicado para que los ciegos no lo encuentren y los videntes no lo vean? ¿Puede aclarar algo respecto a la vida misma? Podría haberle consultado a la gerencia del metro, incluso a uno de sus adormilados guardias. ¿Para qué? La respuesta hubiera sido evasiva o, peor, hubiera revelado el costado práctico y banal del asunto: que el motivo era hacer algo bien que no se hizo bien en pos de dar ayuda a gente que no necesita esa clase de ayuda.

3 detalle: Hay un ventrílocuo que para los fines de semana frente al Hemiciclo de Juárez. La primera vez que lo vi el tipo, vestido tan teatralmente como su muñeco, dialogaba con éste muy entretenido. El ruido de la avenida me impidió escuchar lo que decía, incluso a metro y medio. Lo volví a ver en otras oportunidades, y fui notando en cada oportunidad que el ventrílocuo empezaba a mutar a una versión más retraída de sí mismo. Al principio hablaba mirando a la gente, después únicamente miraba a su muñeco. El sábado pasado lo encontré en una charla privada con su muñeco en la que ni siquiera amagaba a no mover los labios. Es posible que su mirada perdida lo delatara en un inminente adiós a la cordura, pero yo creo que más bien era un diálogo entre amigos íntimos donde, como debe ser, los dos mueven los labios y gesticulan con animada expresión. Interpreté esos gestos como una respuesta directa al desinterés de las personas que pasaban a su lado. Supongo que en el futuro el ventrílocuo y su muñeco elegirán quedarse en casa y compartir cada momento ellos solos, disfrutando de su enraizada amistad, en vez de estar tratando de comunicarse con multitudes enajenadas.

Estos son detalles, escenas, momentos. ¿Cuántas de estas escenas nos pasan por al lado sin que las veamos? Pueden ofrecernos mucho más que lo que nos ofrece un viaje cotidiano y funcional, sin embargo son parte, o causa, del mismo viaje y no existirían por separado. Ahora bien, si nos pusiéramos simbólicos diríamos que sí son parte fundamental, por eso las descubrimos. Y de ponernos realistas diríamos que son secundarias dentro de nuestras metas comunes, en mi caso ir a trabajar al centro. Es decir: unir un punto A con un punto B, casa=trabajo.

Podemos afirmar entonces que también se trató de unir puntos para el tipo que se detuvo a mear en Relaciones Exteriores (se detuvo entre sus dos puntos, o sea la parte funcional de su viaje), o del ventrílocuo que se alejó de la multitud. En su caso él confundió los puntos al principio, creyó que ir con su muñeco de su casa al centro era ir de A a B, hasta que comprendió que A y B eran en verdad él y su muñeco, y relativos al camino de la amistad, no del trabajo.

Quizá sobre estos intrincados temas y sus soluciones metafísicas hablara el enigmático cartelito braille del metro Juárez. No voy a saberlo, menos voy a saber si en los días pasados pudo haber habido desviaciones en mi camino que me llevaran a la unión de mis esenciales, secretos, y hasta ahora desconocidos puntos A y B.

sábado, 10 de diciembre de 2011

DIFERENCIAS CULTURALES EN LA APRECIACIÓN DE LA NEUROSIS



Cada vez que veo un cartel publicitario de “Neuróticos Anónimos”, en sus tantas sucursales del Distrito, sonrío al pensar cómo fracasaría estrepitosamente esa propuesta en Argentina de querer masificarse. Y cada vez me pregunto sobre las diferencias culturales respecto a cómo abordar ese tema en la sociedad mexicana y argentina. Aunque uno siempre generaliza al abarcar algo tan incomensurable como la sociedad de un país, las diferencias son claras.

Parecería, al menos a nivel público, que en México los neuróticos prefieren el anonimato. Para algunos (otra vez, generalizando) ocasiona la misma vergüenza que el alcoholismo, de ahí el nombre de la organización. ¿Dirán el primer día de aceptados: “hola, soy Alejandro y soy neurótico? ¿Los demás le dirán con cara de acongojados: “nosotros también y lo estamos superando”?

A pesar de que Sigmund Freud escribió que “el privilegio del ser humano es enfermar de neurosis”, en Argentina el culto a la neurosis se volvió excesivo, incluso diría retorcido, hace mucho tiempo. Los psicoanalistas reemplazaron a los curas, la neurosis reemplazó a Dios, y la salvación del alma hoy por hoy vendría a ser recibir el alta del analista, todo en pos de transformarse en un individuo cabal que enfrenta al mundo con lucidez, equilibrio y, lo más importante, según dicte su propio deseo. Ni la religión ni el psicoanálisis alcanzaron nunca semejante resultado, pero cada creyente, apoye a Dios o al psicoanálisis, persevera neciamente soñando algún día poder conseguirlo.

Igual no es a lo que me refería. Por más que quisiera, un argentino jamás podría mantener su neurosis oculta, menos anónima. Le fascina ventilarla, comentarla, personalizarla y compartirla con gente que aunque no quiera escucharlo/a lo hará porque después le tocará el turno a él/ella para desquitarse explicando su propia neurosis, cosa de dejar en claro que está tratando de “hallar su propio deseo”, “cuidar sus espacios”, “comprender su relación con el otro, la otredad”, etc, etc.

Al indagar en el origen de Neuróticos Anónimos me enteré que fue creado por un ávido empresario norteamericano (es increíble cómo los norteamericanos se enriquecen cuando unen alma y materia, no sólo materia con materia, base del capitalismo tradicional), y que de forma subrepticia en su organización al final todo termina derivando en dios , lo que vendría a ser la contracara perfecta de la neurosis pública y atea de los argentinos.

De hecho, en comparación, nos quedamos atrás. Nuestro ateísmo estándar no puede competir con un interlocutor tan importante como el todopoderoso. Sugiero dejar de lado esta falta de fe, al menos cuando se hable sobre neurosis, y acercarnos más a dios para torturarlo con nuestras insignificancias éticas y morales, ya que en teoría está obligado a escucharnos y entendernos porque somos sus hijos. Creo que eso es mejor que discutir nuestra neurosis con otro neurótico que nos escuchará sólo si después lo escuchamos a él/ella, interesado intercambio que nos deja siempre en cero.

Puede que dios no exista, puede que tanto silencio de su parte indique que su lugar está vacío, pero por lo menos es gratificante que no intente contarnos sus problemas. En el caso de que su mutismo no sea generado por respeto sino porque no existe, bueno, para nuestros fines neuróticos es irrelevante.
Lo que sí nos une con los mexicanos -y con cualquier otro país, sociedad, grupo, etnia, que padezca trastornos psicológicos-, es que nadie se cura nunca, lo que varían nomás son las formas de intentarlo. Si consideramos que a nivel social las formas y las convenciones son necesarias, entonces habrá que cuidar las formas y las convenciones, cosa de tapar lo esencial, lo profundo, eso que nunca podemos cambiar.


1 Al parecer hay reuniones de NA en Argentina, no muy a la vista. Por las dudas, aclaran en su sitio que “es un programa espiritual, no religioso, y son aceptados ateos y agnósticos”. La gente de marketing habrá sugerido mantener oculto a dios hasta que los asistentes ya estén hasta el cuello y no puedan retractarse.