sábado, 15 de marzo de 2014

GLOSARIO CÍNICO Y MALINTENCIONADO (5 Y ÚLTIMA PARTE. ¿SERÁ?)



Esta es la última entrega del glosario. No sigo porque no es del todo original, como ya señalé antes, y porque no tiene sentido seguir. O quizá, en el fondo, no tengo ganas de seguir. Y acaso no es ese el motivo principal de que hagamos o no hagamos cualquier cosa en esta vida: las ganas. Los adornos retóricos que rodean a las ganas -es decir, la filosofía, el pensamiento, los ideales, los conceptos, el amor, el compromiso, el afecto-, se inventaron para distraer al público de la única y durísima verdad: uno hace o no hace según sus ganas. De esa nimiedad depende la supervivencia del ser humano en esta tierra. ¡Qué responsabilidad! ¿Tendremos ganas de hacernos cargo de tanto peso moral? Lo respondería ahora mismo pero no quiero.





ORIGINALIDAD: Rellenar espacios ya llenados por otros en plan de ocupar un oscuro y húmedo espacio propio. Si genera beneficios se respeta, si no es plagio.

MALDAD: Subjetividad pura.

BONDAD: Subjetividad impura. // Subversión que nunca debió reprimirse ya que, por suerte para muchos, no existe. Igual se mantienen ejércitos preparados para combatirla desde hace milenios. No se empolvan en sus hangares porque se los limpia y engrasa cada día con amoroso cuidado.

COMPRENSIÓN, ENTENDIMIENTO: Santo grial // Shambala. // Piedra Filosofal. // La Fuente de la Juventud// Disneylandia.

SANTO GRIAL, PIEDRA FILOSOFAL, SHAMBALA, EL DORADO… (agreguen aquí el mito histórico que les parezca más inverosímil y más folklórico): Lo que se busca porque nunca existió y, principalmente, porque está despojado de todo sentido político y filosófico. La revolución social, la abolición del hambre y la esclavitud no se buscan tanto porque demandan esos sentidos tan temidos y se pueden malinterpretar como un deseo de liberación universal y no un egoísta viaje al enriquecimiento propio.

LUMINOSO: Antiguo y bello adjetivo que murió asesinado con la llegada del glosario new age. En la actualidad, su única y posible veta literaria es referirlo al poder de una lamparita.

ANGUSTIA: Sentimiento incómodo, casi insoportable, que aparece al buscar algo que sí existe y que, de encontrarlo, podría transformar nuestras vidas //. Antesala de la frustración que nos generará encontrar lo que buscamos y que, encima, nos pueda hacer medianamente felices.

RESPONSABILIDAD: En un plano mítico, lidiar con el doloroso hecho de concretar lo que deseamos. Fin del camino de la idealización y comienzo del duro camino de ser uno mismo.

HACER TRÁMITES: Versión realista de la responsabilidad. // En el mundo materialista (o sea, en el real), aceptar la medida del vaso medio lleno, que siempre es medio vacío. Pero se rellena con formularios y largas filas.

SOMETIMIENTO AL EMPLEADOR: Versión legal y constitucional de la responsabilidad.

TERRORISTA: Hoy por hoy dícese de un sujeto inclasificable, oriundo de cualquier país, que profesa cualquier ley o religión y que en su accionar abarca muchísima maldad, o bondad, y que es más inasible que las hadas. // Tipo que es malo según los ojos que lo miran. Si no lo miran no es malo, sólo terrorista. // Comodín utilizado por gobiernos que necesitan aliados. Si el comodín les vende su violencia deja de ser terrorista y se convierte en socio, patriota o, simplemente, una persona sensata y coherente que lucha por la democracia de su jefe.

ENEMIGO: Ese hermano que tenemos adelante nuestro // Prójimo que todavía no nos ha estafado, golpeado ni robado y que destruiremos por prevención.

ALIADO POLÍTICO: Matón venido a menos que en el fondo querría golpear a su jefe pero no se anima y por eso lo acompaña a invadir otros países, fantaseando que si le pega a otros más pequeños lo iguala en tamaño, y hasta lo estrangula en sus sueños más húmedos.

CÁRCEL: Lugar donde se encierran inocentes y algún que otro sospechoso, igual que en las ciudades. La diferencia moral entre la cárcel y la ciudad es que en la segunda uno puede, mediante sacrificios comparables a cumplir una condena, comprar la llave de su calabozo y hasta elegir a su compañera/o de celda.

INFANCIA: Breve momento de lucidez en la existencia humana que deja entrever que la única herencia que los niños recibirán de los mayores es el mandato irrevocable de hacer trámites. // Reemplazo de la pérdida de tiempo solemne y sin humor de los mayores por una pérdida de tiempo inútil y, por ende, creativa. // Malgastar el tiempo volviéndolo oro. Los alquimistas no se dieron cuenta que ya habían encontrado la fórmula tan buscada porque para entonces ya habían dejado atrás la infancia. Igual muchos eran subsidiados.

NEGACIÓN: Patear con nuestro pie calloso el burlón fantasma de la verdad, que ni desaparece ni deja de burlarse aunque pateemos su nubecita una y otra vez, una y otra vez, una y otra….

UNO MISMO: Estado del alma que las religiones aseguran alcanzar cuando estamos muertos. Los ateos lo asumen antes, por eso muchos se suicidan. Los religiosos también se suicidan pero fingen que por otros motivos.

BELLEZA FÍSICA: Trampa de la naturaleza que se utiliza para aplastar ideas, creatividad y libertad de pensamiento. Permite oprimir la verdadera belleza, que no se ve ni se huele pero afirman que existe en algún hueco, al margen de los cinco sentidos // Dictadura mediática de la carne.

SIMULACIÓN: Actitud normal, decente y honesta de cualquier persona que se precie de formar parte de la ciudadanía de un país, o cártel.

MENTIRA: Costado duro y recio de la simulación.

INFAMIA: Costado jocoso y carnavalesco de la simulación. Es muy preciada porque sólo puede ejercerse en los escasos momentos del ocio cerebral, que dura apenas veinticuatro horas al día.

NEOLIBERALISMO: Concepto facineroso que idearon antiguos piratas y que no pudieron bajar al papel por estar ocupados robando, masacrando y, sobre todo, por no saber escribir. // Gremio del pirata moderno, burócrata, amante del puntiagudo falo del dinero, que adora de lejos mientras se lo entierra a otros.

INTELECTUAL: Según un viejo prejuicio popular, el que se jacta de dudar. // El que simula dudar para fingir que evaluó una idea desde todos los ángulos, sopesando sus pros y contras, cuando en el fondo nunca dudó de tener la razón absoluta y sólo esperó el momento de tener el micrófono en la mano.

NECIO: Intelectual que se olvidó de fingir duda. // Imbécil ignorante que acusa al intelectual de dudar cuando él/ella no dudan de nada y desconocen todo. Los dos se amigan en la tumba.

VECINO: Ser odioso que pretendemos denigrar con un saludo diario. Si se lo insulta y agrede recién entonces se abre el camino al diálogo.

IDIOSINCRACIA: La manera en que la población de cada país engaña y estafa según lo establecen sus normas antropológicas y sociales.

JUVENTUD: Fragancia fantasmagórica que sólo se huele cuando ya pasó de largo, como Gasparín en maratón.

JUVENTUD DIVINO TESORO: Frase repetida por el que malgastó la misma, comprendida por el que no la tuvo, y despreciada por el que todavía la tiene.

TECNOLOGÍA: Forma avanzada, sesuda y científica de diagramar las cavernas trogloditas del futuro.

VEJEZ: Situación de punto muerto donde avanzar no trae resultados. Es igual que la juventud, sólo que en ésta el fondo de cartón pintado es más nítido, genera sensación de profundidad y cierto espejismo de línea temporal a cruzar.

MUERTE: Darse contra el cartón pintado.

FINAL: En física o filosofía no existe tal palabra. En la vida diaria existe por todas partes y es uno de los disfraces utilizados por la muerte para entretener a sus clientes. En este glosario, el final es el punto que sigue a continuación: .
 

jueves, 6 de febrero de 2014

DIZQUE CRÓNICAS PORTEÑAS 2: “FANTASMAS DE LA CALLE CORRIENTES”



En estos últimos años nunca dejé de caminar la avenida Corrientes, ni cuando venía de visita ni ahora, como local. Es un emblema cultural y social, sin duda. Y también, sin duda, entró en total decadencia hace décadas. Decadencia con varias etapas, porque su destrucción no fue lineal, más bien siguió los tropiezos de la sociedad argentina con sus dictaduras, democracias a medias, neoliberalismo y desidia general.

A pesar de los embates, la avenida no muere del todo; boquea, lagrimea pero se las aguanta aunque no pueda mostrar casi nada de lo que fue, como una anciano/a no puede mostrar su antigua belleza más que en fotos o en sus propias palabras. Mi generación de vez en cuando camina por Corrientes porque la remite a lo vivido y a lo no vivido. Anhela lo que no vivió y recuerda lo que vivió. A las nuevas generaciones supongo que les da igual, Corrientes es un mito demasiado viejo o demasiado descuidado para ellas. No pueden conectar ni remotamente con la idealizada cultura porteña de antes, esa “mezcla milagrosa” de literatura, filosofía (cara y barata), tampoco con las ansias de conocer y avanzar hacia alguna parte entre la melancolía y la angustia de vivir.

Vale aclarar que ningún porteño avanzó nunca hacia ninguna parte -es nuestro sello, siempre fuimos estáticos y desconfiados-, aunque yo creo que el sueño o la intención de hacerlo fue el motor de mucha buena literatura y tangos perdurables. Hoy el porteño sigue igual, creyendo que merece un destino (muchos remarcan que uno “mejor”), el tema es que lo sufre despojado de toda poesía y sensibilidad. De ser un perdedor en los hechos y un cultor del sentimiento pasó a ser un quejoso solemne que se toma demasiado en serio y no crea absolutamente nada (1).

Nuestro existencialismo clásico no era gran cosa, pero por lo menos coqueteaba con la nada en una desaparición mutua, en un suicidio en conjunto como una parejita de amantes ingenuos y desesperados. Esta ciudad cerrada y provinciana, esta heredada cultura europea -que en el fondo despreciábamos- nos hacía trampas y nos detenía. La nostalgia de sabernos estancados frente a un río disfrazado de mar generó una respuesta literaria y sobre todo existencial, resultado de estar inmersos en una parálisis que nosotros mismos nos inventamos (2). El problema es que sin conciencia del sufrimiento que genera vivir, la vida se vuelve tan vacía como una botella de gaseosa tirada en la calle, sin tapita.

Esta época obliga a negar la incertidumbre y la angustia, y eso no es un asunto local, claro, el mundo está así, pero en cada lugar pega de forma distinta. Acá consiguió matar nuestro fracaso de siempre, el que alguna vez pudimos enfrentar con creatividad, y que ahora debemos negar en pos de la queja y del materialismo más necio y bastardo.

Hoy camino la avenida Corrientes distraído, en el mejor de los casos con una leve tristeza, sin melancolía. Hace poco entré a un café que frecuentaba en otras épocas. No había casi nadie, eran las cuatro de la tarde de un día de semana. Solía ir siempre con un libro y hacía durar mi café un buen rato, por lo menos cincuenta, sesenta páginas. Esta vez no llevaba nada, entré como un vulgar turista y observé las mismas paredes, los mismos adornos, las campanas de vidrio para tapar medialunas y sándwiches, y la cajera que toda la vida miró con recelo a los que desviaban la mirada hacia el otro lado del mostrador, justo donde estaba ella. Sin embargo no podía conectar todo esto, tan visto y tan vivido, con mi pasado. Era como que mi pasado idealizado se reencontraba con mi pasado real y no hacían ningún tipo de conexión, nomás se miraban los dos como extraños, sin gestos de reconocimiento. Me deprimió (aunque no tanto para levantarme, no voy a exagerar).

Un mozo vino directo hacia mi mesa, me saludó y me preguntó cómo estaba. Lo miré con los ojos, creo, muy abiertos. El tipo, era evidente, me confundía con otro; había en su tono algo de esa amabilidad profesional de mozo con experiencia, que sonríe de forma cabal pero sin evidenciar sentimiento, y a la vez mostraba una cordialidad real hacia el tipo que pensaba que yo era. Le dije que estaba bien y sonreí, con un poco de vergüenza por mentir. El mozo asintió. La confusión no fue tanta como para que el tipo me preguntara: “¿Le sirvo lo de siempre?”, eso hubiera dado para la risa y ni el mismo mozo estaba seguro si ése yo efectivamente era yo. Le pedí un cortado.

No me alegré por la confusión, sí me alivió por ser parte del verdadero y actual anonimato de la avenida Corrientes, que ya no tiene habitués ni propuestas propias pero que, al parecer, simula tenerlos. No invoca talentos, poesías ni personajes exuberantes, apenas se atreve, acorde a la época, a invocar fantasmas de carne y hueso que como saben que ya nunca serán lo que eran todavía son capaces, por vergüenza, por nostalgia, de fingir que lo son.



 (1) Pienso que el “gran fracaso argentino” es una fantasía autoimpuesta que usamos como excusa para justificar cualquier cosa. La gran pasión nacional es, como bien señaló Borges, el culto a la amistad que -diga lo que se diga- es tangible, concreta, evidente; quizá por eso nos burlamos de ella.

(2) “Vagos con halagos de bohemia mundanal. Pobres, sin más cobres que el anhelo de triunfar, ablandan el camino de la espera con la sangre toda llena de cortados, en la mesa de algún bar.” Versos del tango Tristezas de la Calle Corrientes, letra de Homero Expósito, música de Domingo Federico, 1942.



Avenida Corrientes en los años treinta (Foto: autor anónimo o eventualmente dejado de citar).
  


Nada. Decidí no poner una foto de la Corrientes actual porque sería un recurso fácil.
No se ve fea pero las comparaciones, además de odiosas, son tramposas.

martes, 7 de enero de 2014

QUEJAS REFLEXIVAS 3




DIA UNIVERSAL DEL HOMBRE

Dedicarle un día del año a una minoría en peligro, amenazada, humillada, extinguida o en vías de recuperación moral sólo delata una cosa: que no se quiere gastar en esa minoría (que en general es mayoría) más que unas insignificantes horas calendario. Cuando se detesta a alguien no hay mejor cosa que aislarla/o en un homenaje, como se aísla a una bacteria en un laboratorio. Existe un día para la mujer, para los derechos humanos, para el animal, para el maestro, para la primavera, etc. Todos representan distintas bellezas y expresiones del mundo y la humanidad diezmadas por los prejuicios dominantes, por eso no se le obsequia más que un mísero pack de veinticuatro horas.

Yo, como hombre, elevo una protesta. Si existe un día de la mujer es porque los restantes trescientos sesenta y cuatro días del año pertenecerían, por oposición, al hombre. Para los que no saben: sí existe un día del hombre, pero nomás porque a algún canalla avispado se le ocurrió esto antes que a mí, y lo registró ante posibles reclamos antimacho. Lo cierto es que nadie festeja esa fecha, meramente formal, ignota y sin sustancia. Desde mi humilde posición pido crear el Día Universal del Hombre Macho, y que se celebre a la fuerza en todos los países.

Que se festeje al hombre en su etapa más mediocre y decadente, cosa de evitar suspicacias, y que el hombre progresista y moderno se quede en su casa. Que haya marchas en las cuales tipos con camiseta (pueden tener panza o no, no es excluyente) caminen en pantuflas, con el control remoto en una mano -o un teléfono de última generación, signo de los tiempos-, una cerveza en la otra y critiquen a las mujeres, a los gays, opinen sobre política con el ojete y no con la cabeza, desdeñen el cuidado a los animales, se explayen sobre futbol y, según el país, exijan que se respeten las corridas de toros, que se prohíba el casamiento homosexual, o las imbecilidades que cada población de machos-maracas cuidan como a un gran tesoro mientras sus cabezas avanzan irremediablemente hacia la muerte cerebral.

Dedicándole un día del año al hombre cavernario quedarán libres todos los otros días del calendario que hasta ahora estaban secuestrados por el hombre político, astuto y retrógrado, que siempre opera desde las sombras. Celebrando nuestra fecha quedaremos libres de ser los tiranos que regalan veinticuatro horas a los demás por considerarlos menos, y además compartiremos esa minoría que es mayoría: la que tiene su raquítico día de festejo hipócrita.


CAJAS NEGRAS DEMOCRÁTICAS

Las cajas negras en los aviones podrían haber sido un gran invento. Servían -sirven- para que después de un accidente se sepa que salió mal, según lo que hayan dicho, gritado más bien, el piloto y sus ayudantes y lo que marque la actividad de los instrumentos. Todo queda grabado en la caja. En teoría, esa información ayuda a que un determinado error no se repita en el futuro. Ajá. Todos sabemos que los accidentes causados por errores humanos seguirán ocurriendo, que es lo mismo que decir errores originados por distracción, negligencia, fallas de cálculo, estupidez, etc. Pero, ¿no es todo un error de cálculo al fin y al cabo? ¿Hay otra forma humana de equivocarse si no es mediante un fallo en la inteligencia del cerebro de turno?

La caja negra lo único que consigue es que escuchemos, estilo programa de chismes, conversaciones vergonzosas entre los pilotos, comisarios de a bordo y azafatas. Recuerdo lo que reveló la caja negra del horrible accidente de LAPA, ocurrido a fines de los noventa en el aeroparque de Buenos Aires. Los pilotos, fumando, contando chistes y planeando una futura fiestita entre ellos dos y la comisario de a bordo y otra amiga, ignoraron las alertas técnicas en la cabina y cuando todo empezó a pudrirse uno atinó a decir: “No sé qué pasa, viejo, pero está todo bien”. Segundos después estaban incinerados ellos y la mayoría de los pasajeros.

Como evidencia criminal la caja negra funciona, como registro de las últimas palabras de alguien no, son patéticas y desprovistas de toda grandeza. Preferimos quedarnos con las últimas palabras de algún grande, tipo Goethe y su famosa frase antes de morir: “Luz, más luz”, que con la de esos lamentables pilotos. No sería mala idea que hubiese cajas negras en el asiento de cada pasajero del avión, cosa que cada persona, en caso de peligro inminente, pudiera decir lo suyo. Mejor eso que usar máscaras de oxígeno, que la verdad poco pueden hacer si vamos a estamparnos contra una montaña, o si estamos cayendo en picada sobre el océano.

Sería más sano que esa caja negra de pasajero informara no lo que está ocurriendo con el vuelo (cualquiera sabe que si un avión está cayendo significa que se va a estrellar) sino que diga en voz alta lo que al pasajero en cuestión le quedó en el tintero de su vida, algo que quiere que otros sepan y que ya nunca les podrá decir en la cara. Pueden ser verdades dolorosas, insultos, confesiones amorosas, reclamos, códigos de cajas fuertes, revelaciones de quién es el asesino en una película de suspenso aun no estrenada, etc. Estrellado el avión, la línea aérea deberá entregar la caja negra de cada pasajero siniestrado a su respectiva familia y que se trague lo que el finado tenía para decir. Quizá la mayoría de las veces sólo se oirán gritos de terror, pero creo muchos valientes aprovecharán esos últimos segundos de fama para reclamar al mundo entero lo que hasta entonces no se atrevieron a decir, o no dijeron con claridad cuando podían hacerlo.

Un detalle: si el avión por vueltas del destino no se destruye, la línea aérea deberá, por morbo y chusmerío requeridos, hacer públicas las cajas aunque los pasajeros estén vivos. Lo dicho quedará registrado y que cada uno se haga cargo frente a su familia. ¡Y bueno, algo de riesgo debe haber, si no todos van a usar esas cajas negras con total irresponsabilidad!

Quizá sí sea prudente dejar las máscaras de oxígeno en los asientos y que cada pasajero, antes de gritarle sus verdades a la caja negra, dé una buena aspirada para tomar valor.

sábado, 14 de diciembre de 2013

DIZQUE CRÓNICAS PORTEÑAS 1: "CUANDO MUERE EL INSTINTO NACE EL ANIMAL URBANO".

Pisadas de paloma impresas sobre el cemento de Avenida Rivadavia. (Foto Teresa Clark)



Volver a Buenos Aires me generó tantas emociones encontradas y desencontradas que, al querer escribir algo sobre la ciudad y mi reencuentro con ella, no pude más que narrar detalles aislados, parciales. A manera de ejercicio me propuse bajar al papel -o a esto que ven, que brilla y titila- alguna de las cosas que observé en el escaso tiempo que llevo acá. Para evitar la indecisión escribí sobre lo primero que me vino a la cabeza. ¿Qué fue? Palomas. Confieso que quise dar marcha atrás y buscar otro tema, pero las palomas me torcieron el brazo. Además, por algo me habrán venido a la cabeza (1).

Estoy convencido que las palomas son aves con mala suerte (que no es lo mismo que de mal agüero). Mala suerte porque al volverse tan urbanas dejaron de ser vistas como animales. Se las define como plaga, no como pájaros. Nadie las ve con simpatía sino con asco y recelo, igual que si fueran semejantes. Cínicos de corazón semiblando les siguen dando maíz en algunas plazas, manteniendo vigentes las flotas de palomas rasantes. Con su blitzkrieg emplumado suelen chocar con los peatones, lo he visto y lo he sentido en carne propia, por ejemplo en plaza Congreso. Pero aquella antigua y dura paloma de plaza, en verdad, quedó en el pasado. Hoy mutó a una nueva raza, no de paloma sino de habitante porteña. Si los zorzales, benteveos, chingolos y etc siguen su rutina instintiva de siempre, volando, haciendo nidos y cantando todo lo que pueden, las palomas no. Se mimetizaron con nosotros y la culpa es nuestra. Y no sólo por alimentarlas.

Hace algunos años, en un texto, hablé de palomas compadritas, que caminaban más que lo que volaban. En la actualidad las palomas ya casi no vuelan, y eso que la paloma es un ave que naturalmente vuela muy rápido. Ahora camina mal, en círculos, al revés, hacia uno u otro lado y hay que hacer malabares para no pisarla. Igual que la gente. El porteño, al caminar, se bandea de un lado a otro de la vereda sin motivo. Prueben y verán que es así: encaren una vereda desde el inicio yendo por un mismo carril imaginario, y se toparán con personas que los harán desviarse hacia otro lado, después vendrán otras personas que los harán desviarse de nuevo al primer carril, y así sucesivamente. Si la vereda es muy ancha y con espacio para todos de todas formas no podrán mantener su rumbo. Si lo intentan podrán hacerle lo mismo a otros, desviarlos con el riesgo de pechear a algún transeúnte en la acción o siendo pecheados ustedes. Es agotador caminar por la ciudad, la necesidad de arrebatarle al otro su carril imaginario es demasiada, una impotente lucha de poder entre ociosos perversos.

Y ojo que no me fui por las ramas al contar esto, lo hice porque justamente las palomas abrevaron de esta fuente de inseguridad y estupidez humana (o porteña, al menos) y así están, impidiéndole el paso a medio mundo. Tanto caminan que se olvidaron de cómo volar. Di con muchas palomas -y digo muchas- pisoteadas por autos; atropelladas por cruzar sin mirar el semáforo, por no volar cuando un auto les pasaba cerca, o por ir ensimismadas en sus problemas.

En mesas de bares y restaurantes a la calle vi palomas desinhibidas, hasta patoteras, picoteando restos de sándwiches y facturas al lado de otras mesas con clientes que, a la fuerza, tenían que acostumbrarse a ellas. Ya son pocos los que intentan espantarlas, puede que algunos sientan que agredir una paloma es como agredir a una persona, o quizá les de miedo que la paloma se defienda.

De noche, las palomas casi no descansan. Se las ve deambular, yendo de la vereda a la calle y de la calle a cualquier parte. Despliegan las alas y gritan sus uhs en tono de reclamo. Sufren insomnio, enfermedad humana por excelencia. “Para poder dormir hay que tener esperanza” decía Luis Ferdinand Céline. Pero aún el gran Céline se refería a los humanos. Él, que tanto amaba a los animales, ¿qué habría dicho de toparse con estos bichos trastornados?

Una amiga dijo con acierto que las palomas ya no le tienen miedo a nada. Lo peor, creo yo, es que ya no creen en nada. Se resisten a hacer lo que la naturaleza les indicaba y de pronto hasta el reino animal les resulta ajeno. Abandonaron la certeza del instinto en pos de adoptar la depresión del humano, que se obliga a sí mismo a trabajar y esclavizarse para no enfrentar el vacío, el infinito, la incertidumbre. Si uno lo piensa, estas palomas mutantes son pequeños reflejos grises de nuestras pequeñas almas grises sin esperanza. ¿Será el próximo animal que evolucione para en unos miles de años ser como nosotros? ¿Al mono no le alcanzó con transformarse en esto que somos que ahora la paloma busca lo mismo? ¿Eso es evolución?

¡Oh, Palomas! ¡Oh, humanidad!



(1) No, no voy a buscar el lado psicoanalítico del asunto. Por suerte, vivir tantos años en México me ayudó a liberarme de ese infantilismo retorcido de fingir que todo, todo significa otra cosa. Piensen que si fuera así, esto que vivimos dejaría de ser una vida simbólica para pasar a ser una miserable mentira.

lunes, 11 de noviembre de 2013

¿CUÁL ES LA POSE DE ESCRITOR MÁS ODIOSA EN UNA FOTO?

No creo que sea sano, ni necesario, que un escritor aparezca leyendo en una foto (me refiero a las fotos armadas, no a las instantáneas-espontáneas). Abundan este tipo de imágenes y siempre me parecieron, además de pomposas, dignas de sospecha. ¿Por qué alguien que se supone que sabe escribir aparece leyendo? ¿Debe remarcarlo? ¿Alguien duda que sepa leer? Sí se puede dudar que escriba bien pero no que sepa leer. Hay por ahí algunas fotos de escritores escribiendo, pero a esos se les cree menos que a los que leen.


 García Márquez, frente a un libro propio.

Digamos, para resumir, que casi no hay fotos de escritores que no sean una impostura. Entiendo que es difícil poner cara de tipo/a genuino/a cuando te van a sacar una foto, pero lo peor que se puede hacer es poner cara de sufrido (porque de insufrible nadie pone y es curioso, ya que todos los escritores son insufribles; será que se cuidan de mostrar su faceta patética y tratan de fingir un dolor profundo, un alma en carne viva o un humor y una desenvoltura de la que carecen, etc).
Lo que tampoco hay que hacer es retratarse tomando alcohol o drogas, signo de inseguridad o infantilismo. Quizá si el escritor en cuestión quiere conseguir un agente literario puede tener sentido que se saque algunas fotos así, pero para atraer lectores da igual que se lo vea comprando un boleto de subte, un choripán en la calle, o festejando los quince años de su hija.

 Bukowski, chupando por gusto y para la foto.

Otra forma artificial -la tercera pero no la última, ustedes agreguen otras- de mostrarse es con los animales preferidos, que para la mayoría de los artistas suelen ser gatos. Es cierto que el perro es un animal un poco obvio, por eso si al artista le gustan los perros debe arreglárselas para que los pobres bichos muestren algo fuera de lo común a la cámara, quizá un pelo negro tan oscuro como la noche, o una mirada densa y penetrante, tanto o más que la falsa mirada de profundidad que está poniendo su amo para la imagen. El gato, misterioso por naturaleza, otorga por ósmosis (falsa, huelga decirlo) algo de misterio al escritor que está al lado, aunque éste obligue al pobre minino a quedarse quieto mientras sacan la foto y sobre todo que no lo opaque.
Burroughs y un gato. El suyo, quizá.

¿Cuál es mi propuesta para terminar con esta farsa? (Debo tenerla, ya que yo mismo aparezco con mi gato Bardamu en un par de fotos y no puedo zafar nomás burlándome; lo único que me salva es que no soy conocido y sólo me critican mis amigos). Es simple: hay que mostrar la faceta más natural que uno pueda tener, lo que brote de nuestro ánimo cotidiano en el momento de la foto.
Sí, ya sé, eso es más difícil que la mierda, pero es posible. O eso pensé cuando di con una foto -radicalmente distinta de todas las otras- de una nueva autora llamada Sasha Grey. Es tan distinta y va tan en contra de lo que un trabajador de las letras suele transmitir que no pude menos que aplaudirla. La escritora es ex actriz porno, y como escritora es muy buena actriz porno (digo buena porque al actuar mostraba que de verdad sentía los papeles que interpretaba, y los sentía muy adentro). Como literata no tiene trascendencia la Grey, me pueden decir, pero ¿acaso los escritores solemnes que posan leyendo un libro no intentan de manera inconsciente destrozar la posible trascendencia que podrían tener si no fueran tan necios como para aparecer de esa manera tan estúpida en la foto?

 Sasha Grey y una pose honesta.

Por lo menos al posar así Sasha Grey se ahorra que algún cronista imbécil le pregunte cómo le surgió tal o cual idea para su libro, si escribe de noche, cómo se inspira o qué quiso decir con su historia. Grey nos calla la boca llenándosela ella misma. Y está bien, la mejor palabra de un escritor debe ser la escrita, no la oral.