lunes, 30 de junio de 2014

SOBRE FRASES HECHAS QUE DE TAN HECHAS NADIE REPARA EN LO ESTUPIDAS QUE SON.




Está claro que las frases hechas se dicen sin hacer alarde y sin apropiárselas, pero, ¿eso le resta culpabilidad al bocón que las cita sólo porque no se hace cargo de hablar por sí mismo? ¿Hablar con muletillas es un acto que no puede ser juzgado sólo porque es cotidiano, coloquial, en teoría inofensivo? En estos últimos días escuché estas tres frases en boca de personas al pasar, en la calle, en el supermercado, en el colectivo. Pensé que estaban extinguidas, y pos no.


“POBRE PERO HONRADO”

Es cierto, esta cayó en desuso por ser -digamos- políticamente incorrecta. También es cierto que lo que desapareció fue la frase, el sentimiento oscuro que la pergeñó sigue vivo y colea con alegría. Incluso hoy, que vemos cómo el mundo es fagocitado y destruido por ricachones y corporaciones fuera de control que depredan tierra, gente, fauna y flora, no hay una sola y miserable frase que diga, ni siquiera en chiste, que fulano “es rico pero honrado.” Será que es una paradoja tan violenta que no da ni para frase hecha, o más bien será que los ricos no permiten que circule semejante frase. Como pobres honrados puede haber, y a veces hasta en gran cantidad, se los estigmatiza de forma preventiva, por si algún día dejan de ser honrados (aunque no pobres). Su transformación, en ese caso, sería para peor, para volverse ladrones. Escuetos y humildes ladrones, sí, pero tan audaces como para robarles algunos vueltos y cambio en monedas a los empleados de corporativos que roban y destrozan este mundo por completo.


“YERBA (HIERBA) MALA NUNCA MUERE”

Frase de índole moralista con pretensiones de sabia, errónea en todo sentido. La yerba mala sí muere, igual que la buena. Pasa que son tantas las yerbas malas que parecen un sólido bloque, una inmunda masa inmortal que vive una sola existencia desde el inicio de los tiempos, nomás para amargar a las poquitas yerbas buenas que salpican de hermoso verde a este planeta. Es una frase hecha, o refrán, muy efectiva si uno la aplica a la gente que considera yerba mala y uno se considera yerba buena, huelga aclarar. Desde este punto de vista, se puede aplicar a todos y a todas desde cualquier lugar o situación y así las yerbas malas terminarían siendo siempre los demás, no uno. Es una frase unisex, abarcadora al infinito, y de contenido tan vasto como para rellenar un tercio de átomo.


“GANARSE LA VIDA”

Esta frase, probablemente inventada por plutócratas que no deben ganar nada pero que necesitan peones que los mantengan y acicalen, da a entender que la vida no es merecida por nadie, o al menos por nadie que no pueda pagarla. El acto de nacer, según dictaría su significado tras bambalinas, ya es un hecho doloso y venal. Para paliar esta infracción hay que demostrar que uno debe ganarse la vida, manera hipócrita, arcaica y cursi de decir que uno debe ser un esclavo a servicio de otros. El criminal, ser moralmente superior a cualquiera que viva tan rebajado como para aceptar que su vida no vale nada y se obligue a servir a otros para comprar su mísero lugar en el mundo, se niega a pagar el precio de existir y al robar quiere creer, en su fuero interno, que obliga al que tiene riqueza a que comparta su prerrogativa de no pagar impuestos a la vida con él/ella. Es una manera de ejercer un comunismo torpe y pervertido dentro de un sistema capitalista que manda sin fisuras. Y nadie gana. No vida, sí a veces algo de plata.

lunes, 9 de junio de 2014

EN DEFENSA DEL PAPA FRANCISCO




Se armó cierta polémica la semana pasada por los dichos del papa respecto a tener mascotas en vez de hijos. Eso, según él, ocasiona una vejez en “mala soledad”. Creo que se atacó al santo padre injustamente o, en el caso, se lo atacó sin entender la generosidad con la que él, en el fondo, se refirió al tema. Trataré de explicarme, y a la vez expondré otros puntos de vista para no ser parcial en mi opinión.

Algunas personas, enojadas, alegaron que si los curas no tienen hijos no pueden opinar al respecto; otros, que si los curas no tienen mascotas tampoco pueden opinar sobre ellas (al parecer las mascotas en la curia no están permitidas, aunque más de una iglesia cuenta con gatos para cazar ratones pero se trata de gatos naturales, o sea que no son reconocidos por sus padres-curas y no figuran legalmente).

Justo por carecer de estas experiencias vitales es que el Papa opina. La opinión gratuita es muy valiosa para las masas, y se la ejerce con entusiasmo y displicencia. Todos tenemos derecho a criticar cualquier cosa, sepamos algo o no sobre esa cosa, la entendamos o no, nos importe o no. Y también tenemos el derecho de no anteponer ningún criterio para hacerlo. Si no, no sería una opinión gratuita, sería una crítica, un análisis, y eso requiere algo de pensamiento previo, cosa que no es atractiva para el que desee criticar rápido y fácil. La mayoría de las opiniones que uno escucha a lo largo de la vida son antojadizas, gratuitas, inútiles, desdichadas. Y que yo sepa, nadie las ha prohibido. Si el papa quiere acercarse a la gente de la misma forma en que lo hace un verdadero líder, o sea, masivamente, debe opinar lo que se le cante y sin ningún tipo de rigor ya que, visto de manera generosa y democrática, para los ignorantes decir estupideces es una manera de ser popular, de hablar claro y para todos, en suma. Y como ignorantes hay de clase alta, media y baja, no hay mejor manera de ser popular que hablar al pedo.

Pero ojo: eso no quiere decir que hay que hablar como un populista, y me refiero a esa peligrosa clase de populista que trata de hacer pensar a la gente mediante ideas, propuestas, conceptos, en pos de darle opciones y posibilidades de elegir; eso es peligroso porque puede derivar en acciones impensadas, justicieras. La acción es enemiga de la opinión gratuita, y lleva a la anarquía.
Lo que Francisco dijo es que el hecho de no criar hijos y tener mascotas es una forma de asegurarse una vejez solitaria y amarga. Y que “no es lo que hace Jesús con la Iglesia, que la fecunda”. Quizá Jesús, por no haber tenido hijos él mismo, se obsesionó a lo largo de los siglos -desde el más allá, por supuesto- y de tan arrepentido que está por no haber engendrado en su momento insiste que ahora todos tengan hijos y que no hagan como él, que sigue siendo junior y no padre. Es probable que de no haber sido asesinado hubiera tenido hijos. Aunque, en plan de contemplar todos los ángulos del tema, no hay que olvidar que murió a los treinta y tres años, edad que para aquella época era como morir de viejo, alcanzaba para ser abuelo y hasta bisabuelo joven. Las malas lenguas dicen que lo clavaron a la cruz apoyada en el suelo porque estaba demasiado decrépito para subirse por sus propios medios y clavarse él solito.

Lo importante, y es lo que acerca a Jesús con nuestro papa (¿o se escribe Papa?), es que no podía tener familia porque estaba ejerciendo un cambio histórico mundial a través de su prédica y militancia, y le resultaba muy demandante. Claro que, si uno lo piensa, es como descuidar lo que hoy dice Francisco que es lo que Jesús fecunda: la familia. Quizá sea mejor no pensarlo. Además, al nazareno este emprendimiento sin duda le llevaba las veinticuatro horas del día, no lo podría haber hecho en sus ratos libres, mientras llevaba los nenes a la escuela o a natación (sí, había cursos de natación en esa época, intercalados con cursos de bautismo).

La verdad, y aquí viene mi defensa, es que si Francisco no tiene hijos ni mascotas es porque se sacrifica por nosotros, igual que Jesús, por eso somos nosotros los que tenemos que engendrar y hacernos cargos del amor y los mil quilombos y problemas que ocasionan tener hijos. Él nos guiará por el buen camino mientras nosotros trabajamos extra y nos deslomamos para que nuestros hijos no sean unos egoístas que el día de mañana se limiten nomás a tener mascotas y morir solos.

Muchos individuos, ateos y maliciosos, dicen que con más hijos en el mundo ayudamos a que los curas pederastas alimenten su perversión. Ese modo de pensar es falso e infame. La lógica debe imperar antes de la crítica gratuita (a menos que seamos el papa o cualquier líder con posibilidad a criticar a niveles más elevados que un foro de internet o los comentarios de lectores de Clarín online). Un pederasta, al no poder casarse, no puede utilizar su perversión para estar acompañado y llegar a su vejez sin amargura. Y no sólo por no casarse, sino porque le gustan los niños y los niños crecen y al crecer pierden interés para él y lo abandonan. El cura siempre estará solo para ejercer su deber sagrado, y ser pederasta no lo exime del sacrificio que Francisco no quiere para los feligreses. Su voto de soledad es para que los niños vejados puedan volver a su familia, ya fecundados.





Con mi mujer decidimos hacerle cruz-diablo y vade retro a nuestros gatos,
pero como están tan llenos de demonios no nos dieron ni bola.



Por otra parte, Francisco dice que al tener mascotas uno tiene mucho tiempo libre y puede irse de vacaciones y cultivar el egoísmo. Yo, como pecador nato, confieso que irse de vacaciones con mascotas es un problema, ya que hay que pedirle a la familia y a los amigos que las visiten y las alimenten cada día mientras uno no está, más si uno tiene dos gatos y un perro, como dijo Francisco. Mi mujer y yo tenemos dos gatos, no perro (somos peores egoístas que los egoístas que condena el papa). El egoísta más perverso e inteligente no tiene ni hijos ni mascotas y viaja a gusto. De hecho, le conviene ni siquiera tener plantas, que demandan riego y cuidado. Pero esa clase de perverso es tan diabólico que ni el santo padre quiso ensuciarse la boca al mencionarlo.

El papa aclara que este egoísmo de no engendrar hijos es producto de la “cultura del bienestar que se ha propagado en los últimos diez años”. O sea que, en otras palabras, nos dice que tener hijos atenta contra el bienestar. Es por eso que digo que él se sacrifica y no los tiene, justo para tener tiempo de predicar esta moral, que requiere de mucho tiempo libre, y el tiempo libre es bienestar (claro que si uno no lo consume viajando y de vacaciones, eso sí es pecado).

Sin dejar a nadie afuera de la discusión, se puede decir que, si seguimos esta línea de pensamiento, también sería justo que la gente que sí tiene hijos y animales y conviven con los dos o por separado con armonía, comprensión y amor, pueda criticar al papa. Podría ser justo pero no debería serlo. ¿Por qué? Porque las personas que, con feroz intolerancia, criticaron al papa en estos días no saben lo que es vivir sin compromisos afectivos, no saben lo que es no tener que preocuparse por nadie, ni por sus hijos ni por sus animales, muchos de los cuales conviven con nosotros desde hace milenios y estaban antes que los humanos llegáramos al mundo, no saben lo que es aguantarse los impulsos sexuales en pos de nada, o de desatarlos de las maneras más perversas, no saben lo que es sostener una institución corrupta, hipócrita y criminal que habla del amor cuando acumula riquezas que podrían repartir para los animales abandonados e incluso para los niños muertos de hambre que pululan por el mundo, no saben lo que es apoyar dictaduras o monarquías en pos de favores políticos y económicos y, en fin, no saben nada de lo que demanda ser una figura responsable y necesitada de sostenerse en el poder. Sin embargo, son capaces, desde su ignorancia, desconocimiento e incomprensión, de decirle al papa que se vaya a la reputa madre que lo parió con sus consejos inútiles, ridículos y miserables.

Para terminar yo propongo calmar las aguas, conciliar, comprender y seguir el consejo de Francisco: vayan todos a la cama y cojan, garchen, chinguen, hagan lo que sea que dé los frutos requeridos para que no sean pecadores. La peor soledad es estar viejo y solo, y empezar por coger mucho, según asegura de manera indirecta el papa, nos librará de ese pecado, que no es pecado original pero sí actual y novedoso.

martes, 27 de mayo de 2014

QUEJAS REFLEXIVAS 4




LEYENDAS Y ADVERTENCIAS PARA LA SALUD EN CAJETILLAS DE CIGARRILLOS… ¿SÓLO AHÍ LAS NECESITAMOS?



En principio estoy de acuerdo con que sigan imprimiéndose leyendas de mal gusto en las cajetillas de cigarrillos, esas que muestran pulmones ennegrecidos, gente desahuciada que respira oxígeno envasado y estira su mano como si los abogados de juicios contra las tabacaleras les ofrecieran monedas detrás de cámara, fetos con peor semblante que si los hubieran rociado con napalm, bocas repletas de cánceres fuera de control, etc.

Todo muy saludable y decente hasta ahí, pero no alcanza. De hecho, alcanza tan poco que en verdad termina siendo nada. El tabaco está lejos de ser lo peor para la humanidad, y si algunos lo creen entonces también deberán creer que existen otras cosas casi tan malas como el tabaco. Dicho de otro modo, queda mucho por hacer. O mucho por retratar y transformar en leyendas para envases, al menos.

Sería sano y necesario, para potenciar esta bella etapa de crecimiento moral de los ciudadanos del mundo libre, que se señalara en una leyenda todo lo que le hace mal a la gente o lo que le va a hacer mal en un futuro próximo. Es una buena idea hacerlo con ese tipo de fotitos que tienen las cajetillas de cigarrillos. Aunque hay muchas cosas importantes en este mundo que son intangibles y difíciles de ser retratadas en fotos o ilustraciones, con un poco de esfuerzo y creatividad se las puede aprisionar en una campaña tan hipócrita como la de las cajetillas. Doy unos ejemplos:


  • Poner una foto de un cerebro derretido a causa del maltrato (o falta de uso, que es casi lo mismo), en todas las oficinas y lugares de trabajo de la tierra; que la leyenda avise a los empleados que ser parte de una u otra empresa les dejará el cerebro tal cual se muestra en la foto. Es cierto que tratándose de un cerebro arruinado muchos se preguntarán: “¿Y qué? Si no se va a notar”. De todas maneras, por la satisfacción moral que sentimos al tratar de mejorar las pequeñas cosas que están mal en nuestra sociedad y que podemos cambiar, salvo la sociedad, es necesario hacerlo. Así ningún empleado podrá nunca enjuiciar a sus empleadores por haber perdido su capacidad mental, sus ansias de libertad, su imaginación o la posibilidad de tener opinión propia. La leyenda le avisó. ¿De qué se queja, amigo/a? Siga trabajando.


  • Pegar fotos -o dibujos, que son más didácticos- en las entradas de los jardines de infantes y las primarias que avisen a los chicos que de seguir aceptando órdenes y decir que sí a todo lo que le dice su maestra/o su autoestima y su dignidad quedarán achicharradas peor que lo que quedó cualquier ser vivo luego de los bombardeos norteamericanos sobre Nagasaki e Hiroshima. Si ven esa cosa -su dignidad y autoestima, me refiero- hecha una inmunda pelota chamuscada quizá algunos pueden rebelarse y en su madurez no sólo no fumen, también comenzarán a ejecutar un plan de venganza social contra el adoctrinamiento y el aplaste del libre albedrío que enseñan en las escuelas. (Nadie sabe qué forma tiene la autoestima o la dignidad pero un buen artista podrá retratarlas si no las dibuja en su mejor momento, cuando irradian vida y bellos colores desconocidos, sino cuando ya están integradas a la civilización y tiran a un gris ceniza depresivo).


  • Poner la foto de un corazón hecho pedazos de carne y sangre en cada casa de cada ser humano de la tierra, y explicar que así le quedará al incauto que, por motivos que deberán luego ser investigado por las autoridades, llegue a la juventud con ese órgano todavía en buen estado. Tal subversión afectiva, deberá saber el afectado, le puede causar un shock peor que el peor infarto conocido en el mundo de la cardiología. De no dejarlo matar a tiempo por la familia, el matrimonio, las religiones, las amistades, los hijos y todo tipo de gobierno democrático o dictatorial, le dolerá mucho más después, cuando sea adulto y se dé cuenta, exhausto, que el reconfortante calor que ese órgano brindó cuando estaba sano y joven es incapaz, ya no digamos de mover montañas, sino de levantarle la ceja de algún ser humano. En el caso de esta leyenda es mejor emplear a un fotógrafo de nota roja, particular clase de desalmado muy acostumbrado a sacar fotos de gente destrozada por autos, trenes, máquinas industriales; ocurre que ningún cuerpo accidentado puede quedar tan horriblemente destrozado como un corazón que padeció la falta de amor recíproco, y no sea cosa que otro tipo de fotógrafo sin estómago, de sociales o publicidad, se maree y vomite de la impresión.

Hay muchos otros casos, mi intención era enumerar unos pocos, cosa que el lector y lectora piensen en los ejemplos que se le ocurran, los escriban y se acerquen a su comuna o delegación más cercana y los den a conocer con la esperanza de que algún político corrupto los lleve a la práctica (no, no es cinismo, el político corrupto es el bueno, el político malo es primero asesino, traidor y recién después corrupto, o sea que el corrupto mantiene una ética por robar sólo dinero y no vidas enteras, profesiones, carreras y esperanzas como el político malo).

Es probable que al igual que ocurre con las cajetillas de cigarrillos, nadie preste atención a las advertencias y, como es natural en nuestra sociedad moderna y progresista, la gente hará únicamente lo que sea malo para su salud, salvo que lo hará con culpa. La culpa es la evidencia de progreso en la moral y lo que nos separa de los brutos inconscientes de antaño, que no sabían que les hacía mal y por ende no se sentían mal al hacerse mal. Nosotros sí sabemos lo que nos hace mal y sufrimos. Claro que si fuéramos tan sanos e inteligentes entonces no conoceríamos las leyendas de las cajetillas porque jamás hubiéramos visto una de cerca. “No se puede estafar al hombre honesto” reza el dicho anglosajón (y ellos sí que saben de estafas, no por nada originaron el concepto de piratería moderno y aún lo ejercen con entusiasmo y vitalidad; tomémosle la palabra).