viernes, 22 de julio de 2011

DIFERENCIAS DE CLASES SEGÚN LA ESCALERA QUE USEMOS

En la estación de metro Tacubaya hay una anciana que pide limosna todos los días. No es la única que pide, ni en esa estación ni en cualquier otra, sobra aclarar. Lo notorio es que se ubica justo a los pies de las escaleras, que para ser exactos son dos, una “común” y otra mecánica. La mujer pide sin excepción a los que bajan por la mecánica, nunca a los que bajan a pie.

Después de un tiempo la curiosidad le ganó a mi lástima y empecé a preguntarme: ¿acaso la escalera mecánica puede de alguna manera dar la sensación de más cachet? ¿Decidir no moverse y dejar que nos lleven puede confundir tanto como para hacer creer que tenemos más plata que los que deciden utilizar las piernas? ¿O es que por tratarse de personas que quieren ser transportadas asumimos que viven mejor que los que sudan, aunque los dos hayan pagado lo mismo por un boleto de metro?

Si la mujer pidiera limosna en el umbral, antes de que los pasajeros elijan por cuál escalera bajar, vería que todos son bastante iguales. Pero al parecer la sociedad dejó establecido que cualquier pretensión de ser llevado, cargado, debe atribuirse a alguien de buen nivel económico, aunque sea pobre. La vieja pordiosera así lo cree, o al menos así lo percibe, en el caso de que no haya meditado puntualmente sobre el asunto.

Lo que no falla, al menos en el metro y al margen de la percepción, es que todas las escaleras y los caminos entre las clases conducen, en general, a un mismo resultado: nunca nadie le da un peso a la señora.

1 comentario:

Jimena con jota dijo...

Ey! leí esta entrada hace unos meses y días después vi a la señora... Hoy la vi de nuevo. Todo igual.