miércoles 25 de enero de 2012

GLOSARIO CÍNICO Y MALINTENCIONADO (2 PARTE)

OPORTUNISTA: Cualquiera al que le vaya bien.

ESPEJISMO: Utopía.

ANHELO: Sentimiento del calumniador que quisiera que lo que dice sobre otros ojalá fuera cierto.

RESENTIMIENTO: Sentimiento primigenio. // Parte del carácter de una persona que es juzgada duramente por la parte de la sociedad que se lo generó. // Lo que nos distingue de los animales.

PENSAMIENTO: Lo que también nos distingue de los animales, por eso ningún animal nunca intentó pensar.

CINISMO: Miedo a exponerse // Maquillaje de guerra hechos de polvos finos y suaves que sirve para tapar lo podrido, en este caso sentimientos que averguenzan y humillan al maquillado.

MARICÓN: Palabra en desuso por políticamente incorrecta, que sólo puede ser empleada por homosexuales que se sienten tan impunes como para definirse a ellos mismos en la forma que antes lo hacían sus adversarios más intolerantes.

NEGRO (NIGGER EN INGLÉS): Palabra en desuso por políticamente incorrecta, que sólo puede ser empleada por negros que se sienten tan impunes como para definirse a ellos mismos en la forma que antes lo hacían sus adversarios más intolerantes. Sólo los afroamericanos lo usan, en África son demasiado pobres para la autocrítica.

BLANCO: Palabra en desuso no tan políticamente incorrecta como debería ser, que refiere a un color con incidencias criminales, no de raza // Persona de piel medio transparente o descolorida que aprendió a ser tolerante con los otros después de pasarse miles de años asesinándolos // Verdugo cansado y por ende progresista.

ESTUDIO: Superstición inventada por el hombre en las últimas etapas de aprendizaje de la ignorancia. // Deseo de ganarle a la muerte y a lo infinito, frustrado por la muerte y lo finito del cerebro humano.

MADUREZ: Polvo acumulado en la cabeza a lo largo de los años, endurecido en forma de cólicos. Se la utiliza poco antes de morir y si se muere de viejo. // Entenderlo todo cuando ya no se puede evitar nada, lo que se entiende igual no es gran cosa.

RESARCIMIENTO HISTÓRICO: Disculpas que un pueblo le confiere a otro pueblo que masacró en un pasado tan lejano como para que todos sus genocidas murieran de viejos y sólo se juzgue la memoria // Juzgar lo antes ocurrido a un pueblo ya reconocido por organismos internacionales, mientras hoy se masacra a otro pueblo ignorado por los organismos internacionales, o sea un pueblo pobre.

PEDERASTA: Cura al que no le alcanza la sotana para cubrir sus pecados. Si se trata de un civil se lo condena, si pertenece a la Iglesia es inocente porque nadie lo vio hacer eso.

VICTIMA: El que no se defendió a tiempo pero ya lo hará // Débil de reflejos.

VICTIMARIO: El que fue víctima antes. // Hábil de reflejos.

INÚTIL: Discusión o polémica entre argentinos.

ASTROLOGÍA: Fe inexistente a la que adhieren creyentes y ateos // Ciencia religiosa que mira el piso y que sólo incluye planetas y estrellas si están dibujados en un póster o calendario // Brujería elegante que empuja a sus seguidores a mirar las estrellas y deducir que todo ahí arriba está a favor nuestro y según nuestros insignificantes intereses.

FUEGO: Elemento que salvó al hombre en sus orígenes y lo condenará a lo último. Casi siempre es él quién lo inicia, raspando un problema y sacándole chispas que causarán la llama de la solución final.

ALIVIO: Lo que siente alguien que frente al pelotón de fusilamiento se entera que sufre de un cáncer incurable.

VIOLENCIA: La forma de relación más sincera, concreta y no asumida entre las personas. // Derivado del comercio, del ocio y una ligera falta de entendimiento.

VIDA: Ficción mal interpretada.

FIN DEL MUNDO: Resultado del exceso en el afán de lucro.

AMERICANO: Mote amable que se dan a sí mismos los norteamericanos ignorando que dejan afuera al resto de América. Aunque se les aclare el punto siguen sin ver qué más puede haber debajo del Río Bravo, pero sospechan que puede haber algo en Canadá.

MEMORIA: Necedad de una persona en tratar de olvidar que la causa de sus males es ella misma // Recolección de fragmentos breves, inconexos y tergiversados de toda una vida que evitan al que recuerda cualquier responsabilidad de sus actos, y de ser feliz.

MEMORIA HISTÓRICA: Hecho que es tan importante para un pueblo que exige que otros pueblos lo recuerden a la fuerza. // Frase remanida que cada nación en el globo supone ser la creadora: “En México / Argentina, etc, no tenemos memoria…”, salvo en las potencias económicas, donde supieron reemplazar la memoria por un presente continuo de generar dinero y descuartizamiento de terceros en pos de producir.

CHISME: Injurias justificadas o injustificadas, depende. // Golpear sin los puños // Hacer doler a otros en su ausencia.

RUMOR: Chisme civilizado.

TIEMPO: Materia invisible que malgastamos, denigramos, pisoteamos y le concedemos el honor de ser un gran tema filosófico // Lo que la muerte nos quita de un plumazo.

ROMANCE: Calma que precede al temporal // Breve arco iris a punto de ser deglutido por nubes llenas de agua fría y electricidad.

POBRE: Culpable del cargo que necesite llenar el juez o la policía en el momento.

HAY QUE VIVIR LA VIDA: Frase dicha por gente desahuciada y sin posibilidad de retorno.

miércoles 18 de enero de 2012

GLOSARIO CÍNICO Y MALINTENCIONADO (PERO SINCERO)

Dibujo: Alguien lo hizo Color: Teresa Clark


En esta sección del blog retomamos la tradición de antiguos cínicos moralistas que para no tragar en soledad su amargura, efecto de la falta de justicia en este mundo, optaron por ser agresivos para juzgar las actitudes de los demás (y a veces las suyas propias, pero muy de vez en cuando. Y bueno, eran genios, sí, pero también humanos) .

Mi corazón y mi palabra van con todos los Jonathan Swift, Ambrose Bierce, Leon Bloy, Mark Twain y demás destructores de la hipocresía y estupidez humanas de este mundo. Si algún perspicaz sospecha que al homenajearlos me estoy comparando de forma tramposa y/o velada con ellos diré en voz alta que no, aunque en el fondo de mi corazón diga que sí. ¿Y qué quieren? Si deseamos ser mordaces, cínicos y malditos lo más sano -aunque complicado- es empezar por nosotros mismos y sacarnos la careta para ver nuestro costado más bajo y lamentable. ¿Ustedes se atreven?

A continuación van algunas definiciones de palabras y expresiones -algunas modernas, otras clásicas-, en el estilo el diccionario del diablo de Ambrose Bierce, que me parece un proyecto que debe prolongarse en el tiempo, con nuevas definiciones y nuevos autores, al igual que ocurre con los diccionarios comunes. Lo que inició Bierce con su diccionario fue decir verdades crudas y seguramente tan falsas como las verdades científicas de un Larousse, Espasa Calpe, Enciclopedia Británica y etcéteras.
No va en orden alfabético ni temático sino de mi capricho.

1) Iniciamos la sección de diatribas de este blog con el Decálogo Infame del Guionista Cinematográfico, que pueden leer, o no, más abajo.

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GLOSARIO 1 PARTE:


FAMILIA: Inicio de todos los males // Base de la sociedad.

NIÑO/A: Ser iluminado por la ternura y la crueldad. Quiere todo para sí y sólo se mira el ombligo. Únicamente sus padres pueden doblegarlo y humillarlo porque ellos lo tuvieron para sí antes de que naciera. // Ser a medias, con desventaja en referencia a sus padres que rapiñaron el terreno, vaciaron de habitantes la zona y planearon cómo tomar el mando antes de que naciera el primogénito desprotegido, apenas vestido con harapos azules o rosas.

ALEGRÍA: Excitación momentánea que puede causar taquicardia, jadeos, sudor, caídas y burlas.

ARTE CONTEMPORÁNEO: Definición carente de sentido. En sociedades capitalistas de primer mundo, y de tercero, se la utiliza como argucia de lenguaje para disimular la falta de artistas y hacer creer que se trata de un asunto relativo a la época. // Malestar que afecta a la estética y que se prolongó tanto tiempo como para dejar de ser contemporáneo; sólo se cura con talento.

SOBERANÍA: Tierras aún no conquistadas.

PIRATA: Diplomático con espada.

DIPLOMÁTICO: Pirata con espada.

PARTIDOS POLÍTICOS: Pilares agusanados que evitan, momentáneamente, que una democracia relativa o nula caiga en manos de revolucionarios o dictadores absolutos.

MENTIRA: Método que tanto honestos como estafadores están obligados a ejercer tarde o temprano, pero al que sólo los honestos condenan por medio de la palabra.

CINE: Imagen en estado gaseoso; arte sin solidez // Al ser calificado como séptimo arte los impulsores de este medio dejaron de ganarse el pan e impidieron su crecimiento, dejándolo a la altura de un enano que puede estirar el brazo y agarrar un premio de plata, oro, o un canapé en un cóctel. // Arte joven que murió a fines de los ´70. Sus continuadores practican la necrofilia.

HIPOCRESÍA: Realidad totalitaria ejercida por todo mundo sin asumirlo (o asumiéndolo, pero sólo los iluminados), a la que apenas se le opone la fantasía minúscula de una minúscula parte de la población mundial que pronto será castigada // Ente absoluto sin oposición, salvo algunos virus aislados que mueren al primer contacto con el calor de las relaciones humanas.

REVOLUCIONARIO: Ser contradictorio que suda buscando el equilibrio entre la justicia y la venganza. // Virtud de no escuchar críticas cuando se mata por venganza y se hace justicia.

REACCIONARIO: Reacción de un individuo sin capacidad de movimiento // Persona paralizada por el miedo que se sacude con violencia para impedir que otros hagan // Ser con dolorosa constipación intestinal y cerebral. No es capaz de liberar esfínteres por sí solo pero sí soldados, policía y libelos de prosa solemne y carente de vaselina.

PARANOICO: Cobarde maldecido con una gran capacidad para la imaginación.

TRABAJO: Esclavitud pasada por corrector de estilo. // Superstición inventada por el hombre en las primeras etapas de aprendizaje de la ignorancia. // Lugar que dejaron vacante las brujas y monstruos al aceptarse que no existen; sin embargo, en la actualidad el trabajo existe sólo porque los estúpidos creen que existe.

POLÍTICAMENTE CORRECTO: Término inventado por sajones que se muerden la lengua para no decir lo que sienten y son obligados, por ellos mismos, a balbucear amabilidades a favor de todo aquello que detestan // Término burlado, analizado y deconstruido en su intrínseca hipocresía por latinoamericanos y europeos progresistas cuyo sentido acatan. Los europeos dejan de acatar si se interpone en el camino del fascismo.

POLÍTICAMENTE INCORRECTO: Decir lo que se piensa.

CULTURA POP: Falta de cultura derivada de la televisión y revistas de moda. // Escudo utilizado por creadores actuales sin talento que les permite cubrirse de críticas dolorosas // Liviandad aburrida // Oposición a la cultura con mayúsculas, que también fue usufructuada por los actuales adherentes a la cultura pop antes que fueran expulsados de aquella.

LIBERTAD: Utopía que el ser humano no parece ser capaz de alcanzar, en vez alcanza utopías malvadas que están a la mano: destrucción del planeta, esclavitud, guerra nuclear, extinción de especies,………………. (Llene el espacio con lo que usted más odie y tema y a la vez ayude a proliferar gracias a su parálisis y servilismo).

AMOR: Objetivo que por ser utópico no se alcanza pero al revés de la libertad, una utopía que no despierta interés, al amor se lo intenta alcanzar desesperadamente. Para tratar de encadenarlo se inventó el matrimonio, antes de eso la monogamia y luego una mezcla conceptual de delirios de convivencia y patadas conyugales.

MUERTE: Único y verdadero descanso en esta vida al que todos temen porque deja afuera el ocio, la vagancia y el chisme.

ACCIDENTE AEREO Y/O AUTOMOVILÍSTICO: Fallo, o acierto, en estadísticas que en un principio se referían a otros y sus respectivas muertes, no la de uno.

EVOLUCIÓN: Transformación que han experimentado animales y vegetales durante millones de años mientras el hombre lo medita y evalúa.

COMPETIR: Único resultado del perdedor. // Participar por el gusto de la travesía sin llegar a la meta.

GANAR: Desprecio y burla respecto al verbo competir.

GANADOR: Perdedor que cree que lo que ganó es un mérito y no lo que otros ya dejaron establecido que iba a ganar // Persona que sostiene las sobras de otros mientras sonríe para la foto.

OFICINISTA: Ser oscuro y macabro al que la rutina aplaca la pulsión de vida, no de muerte, activada desde el momento en que contesta al futuro jefe cuánto quiere ganar y que media hora de almuerzo está bien para él/ella.

MILITAR: Ser que de tanto negarse a sí mismo termina por creer que matar a otros lo eleva al nivel del suelo, el que sus superiores le enseñaron a mantener sobre su cabeza y con la punta de la lengua asomando para lamer calzados.

RACISTA: El que define a los demás con insultos e injurias que, a pesar de que salen de su boca, no parecen tocarlo. // Individuo que al avanzar las sociedades modernas se le enseñó a callar en vez de decir lo que quiere decir, cosa que lo hace usar engranajes de pensamiento antes en desuso y llevarlo a una evolución más sofisticada y peligrosa de sus prejuicios.

ATEO: Ser jactancioso y superado que desdeña la idea de dios, atribuyéndose como descubrimiento propio el hecho de que nunca existió un dios // Ser que niega un padre y un orden cósmico en favor de la astrología.

ACTO SEXUAL: Motivo esencial de la no extinción del ser humano hasta que aburra o deje de dar placer.

martes 3 de enero de 2012

INSTANTÁNEAS EN MOVIMIENTO

En mi opinión hay dos maneras de lidiar con la multitud cuando uno camina por la calle: ir con la marea humana y seguir su ritmo -y no enojarse si uno se mueve de a centímetros-, o avanzar a pasos largos, concentrado, tenso, esquivando a cada transeúnte. Ninguna manera es afortunada. Como acelerado que soy, opto siempre por la segunda, pero aún dentro del vértigo de esquivar y correr alcanzo a ver cosas interesantes en las calles. ¿Podría ver más cosas si fuera despacio? Prácticamente las mismas, ya lo comprobé, claro que al caminar rápido hay que estar alerta a los detalles porque se los deja atrás en un parpadeo.
Hace unos días, al ir a trabajar al centro histórico, pasé frente a varios “detalles” en la avenida Juárez. Debí frenar y volver sobre mis pasos para apreciarlos bien.

1 detalle: Un señor muy elegante caminaba delante mío, conciente de su porte y la calidad de su ropa. De pronto se desvió a la plazoleta ubicada en la entrada de Relaciones Exteriores y delante de un mendigo que descansaba en un banco se puso a mear las plantas de la plazoleta. Fue tan al grano que pareció estar haciendo cualquier otra cosa: observando el paisaje, prendiendo un cigarrillo, arreglándose el pañuelo del cuello. El mendigo, educadamente sentado, lo miró con extrañeza y después me miró a mí, risueño. El hombre elegante se subió el cierre sin mirar alrededor, quizá suponiendo que como él estaba bien vestido, y por ende fuera de sospecha de ser un marginado social, nadie había advertido su alevosía.
Sin hacer analogías con la carta robada de Poe, de lo que está muy a la vista no se ve, etc, me dio la sensación que, en efecto, nadie reparó en el tipo meando. Un grupo de policías vigilaba una marcha en contra de las corridas de toros, un contingente de turistas hablaba y señalaba puntos del lugar, la gente iba y venía por la calle, pero sólo yo en mi acelere y el mendigo en su tranquilidad descubrimos al impune. El mendigo murmuró algo, mientras observaba alejarse al señor elegante con la sabiduría, o certeza, de que a él no sólo lo juzgaban cuando hacía algo similar sino que también todos lo veían, y con repulsión.

2 detalle: en la entrada a la estación de metro Juárez, rodeada de vendedores ambulantes, locales y olor a comida, descubrí -invisible hasta para los ojos que pueden ver- un cartelito con un texto en braille, a un costado de la escalera. Muchas veces entré y salí de esa estación y nunca noté el cartelito. Parece anunciar, no puedo saberlo, la entrada al metro. Sin duda es un cartelito triste, ignorado por los que ven y en especial por los que no ven. Un ciego, si se atreve a encarar esta ciudad intransitable, donde casi no hay banquetas (veredas), o cuando hay están plagadas de caños, desniveles, pozos, etc, jamás va a necesitar un cartelito en la entrada del metro que le anuncie que está en la entrada del metro. Si llega hasta ahí es porque antes sorteó obstáculos peligrosos, o al menos más peligrosos que una escalera. ¿Por qué debería ir tanteando las paredes en busca un cartel que le diga lo que ya sabe, o de lo que puede averiguar solo? Si se tratara de otra información, ¿cuál sería? ¿Qué secretos puede revelar un texto breve ubicado para que los ciegos no lo encuentren y los videntes no lo vean? ¿Puede aclarar algo respecto a la vida misma? Podría haberle consultado a la gerencia del metro, incluso a uno de sus adormilados guardias. ¿Para qué? La respuesta hubiera sido evasiva o, peor, hubiera revelado el costado práctico y banal del asunto: que el motivo era hacer algo bien que no se hizo bien en pos de dar ayuda a gente que no necesita esa clase de ayuda.

3 detalle: Hay un ventrílocuo que para los fines de semana frente al Hemiciclo de Juárez. La primera vez que lo vi el tipo, vestido tan teatralmente como su muñeco, dialogaba con éste muy entretenido. El ruido de la avenida me impidió escuchar lo que decía, incluso a metro y medio. Lo volví a ver en otras oportunidades, y fui notando en cada oportunidad que el ventrílocuo empezaba a mutar a una versión más retraída de sí mismo. Al principio hablaba mirando a la gente, después únicamente miraba a su muñeco. El sábado pasado lo encontré en una charla privada con su muñeco en la que ni siquiera amagaba a no mover los labios. Es posible que su mirada perdida lo delatara en un inminente adiós a la cordura, pero yo creo que más bien era un diálogo entre amigos íntimos donde, como debe ser, los dos mueven los labios y gesticulan con animada expresión. Interpreté esos gestos como una respuesta directa al desinterés de las personas que pasaban a su lado. Supongo que en el futuro el ventrílocuo y su muñeco elegirán quedarse en casa y compartir cada momento ellos solos, disfrutando de su enraizada amistad, en vez de estar tratando de comunicarse con multitudes enajenadas.

Estos son detalles, escenas, momentos. ¿Cuántas de estas escenas nos pasan por al lado sin que las veamos? Pueden ofrecernos mucho más que lo que nos ofrece un viaje cotidiano y funcional, sin embargo son parte, o causa, del mismo viaje y no existirían por separado. Ahora bien, si nos pusiéramos simbólicos diríamos que sí son parte fundamental, por eso las descubrimos. Y de ponernos realistas diríamos que son secundarias dentro de nuestras metas comunes, en mi caso ir a trabajar al centro. Es decir: unir un punto A con un punto B, casa=trabajo.

Podemos afirmar entonces que también se trató de unir puntos para el tipo que se detuvo a mear en Relaciones Exteriores (se detuvo entre sus dos puntos, o sea la parte funcional de su viaje), o del ventrílocuo que se alejó de la multitud. En su caso él confundió los puntos al principio, creyó que ir con su muñeco de su casa al centro era ir de A a B, hasta que comprendió que A y B eran en verdad él y su muñeco, y relativos al camino de la amistad, no del trabajo.

Quizá sobre estos intrincados temas y sus soluciones metafísicas hablara el enigmático cartelito braille del metro Juárez. No voy a saberlo, menos voy a saber si en los días pasados pudo haber habido desviaciones en mi camino que me llevaran a la unión de mis esenciales, secretos, y hasta ahora desconocidos puntos A y B.

sábado 10 de diciembre de 2011

DIFERENCIAS CULTURALES EN LA APRECIACIÓN DE LA NEUROSIS



Cada vez que veo un cartel publicitario de “Neuróticos Anónimos”, en sus tantas sucursales del Distrito, sonrío al pensar cómo fracasaría estrepitosamente esa propuesta en Argentina de querer masificarse. Y cada vez me pregunto sobre las diferencias culturales respecto a cómo abordar ese tema en la sociedad mexicana y argentina. Aunque uno siempre generaliza al abarcar algo tan incomensurable como la sociedad de un país, las diferencias son claras.

Parecería, al menos a nivel público, que en México los neuróticos prefieren el anonimato. Para algunos (otra vez, generalizando) ocasiona la misma vergüenza que el alcoholismo, de ahí el nombre de la organización. ¿Dirán el primer día de aceptados: “hola, soy Alejandro y soy neurótico? ¿Los demás le dirán con cara de acongojados: “nosotros también y lo estamos superando”?

A pesar de que Sigmund Freud escribió que “el privilegio del ser humano es enfermar de neurosis”, en Argentina el culto a la neurosis se volvió excesivo, incluso diría retorcido, hace mucho tiempo. Los psicoanalistas reemplazaron a los curas, la neurosis reemplazó a Dios, y la salvación del alma hoy por hoy vendría a ser recibir el alta del analista, todo en pos de transformarse en un individuo cabal que enfrenta al mundo con lucidez, equilibrio y, lo más importante, según dicte su propio deseo. Ni la religión ni el psicoanálisis alcanzaron nunca semejante resultado, pero cada creyente, apoye a Dios o al psicoanálisis, persevera neciamente soñando algún día poder conseguirlo.

Igual no es a lo que me refería. Por más que quisiera, un argentino jamás podría mantener su neurosis oculta, menos anónima. Le fascina ventilarla, comentarla, personalizarla y compartirla con gente que aunque no quiera escucharlo/a lo hará porque después le tocará el turno a él/ella para desquitarse explicando su propia neurosis, cosa de dejar en claro que está tratando de “hallar su propio deseo”, “cuidar sus espacios”, “comprender su relación con el otro, la otredad”, etc, etc.

Al indagar en el origen de Neuróticos Anónimos me enteré que fue creado por un ávido empresario norteamericano (es increíble cómo los norteamericanos se enriquecen cuando unen alma y materia, no sólo materia con materia, base del capitalismo tradicional), y que de forma subrepticia en su organización al final todo termina derivando en dios , lo que vendría a ser la contracara perfecta de la neurosis pública y atea de los argentinos.

De hecho, en comparación, nos quedamos atrás. Nuestro ateísmo estándar no puede competir con un interlocutor tan importante como el todopoderoso. Sugiero dejar de lado esta falta de fe, al menos cuando se hable sobre neurosis, y acercarnos más a dios para torturarlo con nuestras insignificancias éticas y morales, ya que en teoría está obligado a escucharnos y entendernos porque somos sus hijos. Creo que eso es mejor que discutir nuestra neurosis con otro neurótico que nos escuchará sólo si después lo escuchamos a él/ella, interesado intercambio que nos deja siempre en cero.

Puede que dios no exista, puede que tanto silencio de su parte indique que su lugar está vacío, pero por lo menos es gratificante que no intente contarnos sus problemas. En el caso de que su mutismo no sea generado por respeto sino porque no existe, bueno, para nuestros fines neuróticos es irrelevante.
Lo que sí nos une con los mexicanos -y con cualquier otro país, sociedad, grupo, etnia, que padezca trastornos psicológicos-, es que nadie se cura nunca, lo que varían nomás son las formas de intentarlo. Si consideramos que a nivel social las formas y las convenciones son necesarias, entonces habrá que cuidar las formas y las convenciones, cosa de tapar lo esencial, lo profundo, eso que nunca podemos cambiar.


1 Al parecer hay reuniones de NA en Argentina, no muy a la vista. Por las dudas, aclaran en su sitio que “es un programa espiritual, no religioso, y son aceptados ateos y agnósticos”. La gente de marketing habrá sugerido mantener oculto a dios hasta que los asistentes ya estén hasta el cuello y no puedan retractarse.

viernes 11 de noviembre de 2011

RECETAS DEL CIELO Y DEL INFIERNO

"De vuelta en la casa de Guerrero"
Teresa Clark Maauad
Acrílico y pastel sobre papel Arches
26 x 22.5 cm
Diciembre 2011


Reina nació en Acapulco, estado de Guerrero. Su vida fue terrible, aun así tuvo alegrías y luces como cualquier otra persona. Su madre y su padre simbolizaron, respectivamente, el cielo y el infierno, a pesar de que no pudo convivir mucho tiempo con ninguno. El padre se negaba a tenerla a ella y a sus hermanos en la casa. No los mandaba a la escuela, ni siquiera les compraba ropa. Decía que enviar a las hijas a la escuela es inútil porque lo único que hacen las mujeres es casarse. Pero tampoco envió a sus hijos varones a la escuela, por motivos que no aclaró. La madre de Reina, que quería mucho a todos sus hijos, no podía ir en contra de la orden de su marido. A los ocho años, Reina tuvo que irse a vivir con una mujer a la que llamaban “tía”, que no era tal sino la madre adoptiva de su madre, que cuando era niña también fue echada de la casa por su padre, el abuelo de Reina.

La “tía” adoptó a Reina enseguida y le dio lo básico: ropa, comida, la posibilidad de ir a la escuela, cariño. Reina cuenta que visitaba a su madre siempre que tenía oportunidad. Debía tener cuidado en el cuándo y cómo; los años no habían ablandado al padre, al contrario, nadie podía con su furia y sus caprichos. Por esa época unos hombres secuestraron a una hermana mayor de Reina, de trece años. Es común que en ciertos lugares el hombre primero secuestre a la mujer que elige como esposa, con o sin su consentimiento, y luego aparezca en la casa de sus padres para pedir su mano. El padre de Reina decidió no cumplir con el protocolo y no esperó a que vinieran a exigir la mano de su hija. Rápidamente reunió a sus hermanos, duros como él, buscó al secuestrador y sus compadres, mató a éstos a tiros, sin miramientos y sin muchas palabras, y al secuestrador -o dicho de forma más amable, al que iba a pedir la mano de la hija- lo dejó inválido a balazos, lo envolvió en una manta y lo enterró vivo. El joven, mientras le echaban paladas de tierra encima, rogó que por favor lo mataran. No le hicieron el favor y se asfixió lentamente.

Tiempo después se repitió la historia con una prima de Reina -Reina aclara que estos altercados son “cosa de pueblo”, no algo exclusivo a su familia-; esta vez la prima se casó con su secuestrador-prometido porque había obtenido el sí de sus padres cuando el hombre fue a pedir su mano. Pero, y esto también según las costumbres, el novio devolvió la novia a su familia al siguiente día de la boda alegando que no era virgen. La tradición dictaba que si la novia no era virgen el novio podía devolverla a su familia eximiéndose de cualquier responsabilidad. De inmediato se anulaba el casorio y la vergüenza caía sobre la familia de la mujer por no haberla celado lo suficiente. El tío de Reina, desconfiando de la palabra de su ex yerno, llevó a la hija al doctor y éste comprobó que la muchacha sí era virgen, lo cual transformó el asunto en una ofensa. El tío, junto con sus hermanos, buscó al prometido y lo mató. El padre de Reina, a su vez, decidió matarla a ella por haber oficiado de testigo de la indigna boda de la prima. Para escapar de una muerte segura Reina debió abandonar a su “tía” y se fue a vivir al D.F. Tenía quince años, desde entonces vive allí.

Por aquella época, la década del ´70, la historia de Reina y su familia se juntó con la política del Estado de Guerrero y su tragedia. El primo del padre era el mítico guerrillero Lucio Cabañas. A diferencia de la violencia caótica de su primo, Lucio se dedicó a pelear contra la injusticia cuando entendió que las palabras no alcanzaban para cambiar las cosas. Reina recuerda que Cabañas ayudaba a los pobres, la gente de Guerrero lo quería. Era escurridizo, se disfrazaba mucho, vivía escapando del Gobierno. Unos tíos de Reina se encargaban de preparar las armas para él y su gente. La casa de los tíos, que fue abandonada posteriormente (no por problemas con el ejército sino con vecinos que buscaban venganza por un asunto personal), al parecer todavía tiene en un escondite bajo tierra muchas armas que Cabañas no llegó a utilizar.

A mediados de los ´70 Reina sufrió una hepatitis muy grave, los médicos le dieron tres días de vida. Ya casada y con un hijo se fue Acapulco a que la ayudaran sus hermanos. Sobrevivió, dice, porque la trataron exclusivamente con miel de abejas virgen, que de tan sana puede curar cualquier cosa. Mientras se recuperaba mataron a Lucio Cabañas. O él se mató para no caer en manos del ejército, que lo tenía rodeado. La gente de la zona asegura que Cabañas no murió, que se fue a vivir a Cuba mediante un pacto secreto con el gobierno: interrumpir su lucha a cambio de su vida. Por eso no dejaron ver su cadáver en aquel momento, no había tal cosa.

Y también durante su convalecencia en Guerrero pasó que una noche, a causa de una discusión inútil, relativa a unos documentos que no aparecían, el padre de Reina mató a la madre a cuchillazos. Por poco no mata a otra hija que estaba presente, a la que abrió la cara de varios cortes. Luego escapó. Sus propios hermanos, que respetaban y querían mucho a su cuñada, lo buscaron por el pueblo y la selva para matarlo en venganza, o justicia. El padre los esquivó hábilmente y se escondió en el lugar que nadie pensó en revisar: el cementerio donde había sido enterrada su esposa. Quedó abrazado durante horas a su tumba, llorando. Alguien lo vio y denunció su paradero; el perseguido desapareció antes que los judiciales y su familia le cayeran encima. Nunca más fue visto por Acapulco. Años después sus hermanos se enteraron que vivía de incógnito en un pueblo en Sinaloa. Ofrecieron a sus hijos y a sus hijas ir a matarlo. La mayoría se negó, ¿de qué serviría?

Dos hermanas de Reina decidieron ir en persona a buscarlo y hablar con él. Al llegar al pueblo donde vivía se enteraron que un matrimonio del lugar le había dado asilo al padre por años, creyendo que se trataba de un pordiosero. Trabajaba juntando leña con una mula, vivía en una cabaña miserable, no hablaba con nadie. Nunca dijo una palabra de su pasado. Las hermanas preguntaron donde estaba ahora y les dijeron, con lástima, que había muerto. Un día, volviendo de juntar leña, la marea creció demasiado y ahogó a su mula. Por este hecho, insignificante según el matrimonio, al hombre le agarró tal ataque de llanto y tristeza que agonizó días y días, dejándose morir. No pudieron ayudarlo, no quiso. En el delirio lloró a su esposa muerta y a sus hijos e hijas que al parecer tanto extrañaba; ahí se enteró la pareja que el hombre tenía a alguien en el mundo, pero no pudieron sacarle un nombre ni un lugar concreto para avisar. Les indicaron a las hijas dónde estaba enterrado el padre. No dejó un solo objeto personal, ni una carta, nada, lo único que quedaba de él era una humilde tumba sin nombre.

A partir de la muerte de la madre, Reina empezó a experimentar un miedo profundo; la aterraba pensar en esa mujer que tanto había querido. No se podía explicar la causa del miedo respecto a su madre, sólo que se trataba de un miedo irracional, doloroso, injusto quizá, que no la dejaba dormir. Y tampoco quería dormir, se negaba a tener pesadillas con su madre.
En una de esas noches de terror, por un descuido, cerró los ojos. Su madre se le apareció en el sueño y le rogó que por favor no le tuviera miedo; que a manera de exorcizar el temor le prendiera cuatro velas en cuatro puntos distintos de su casa en Guerrero, le juró que así se sentiría mejor. Reina le dijo que no podía volver ahí, que unos vecinos habían jurado matarlos a todos si volvían (luego de que el padre, años antes, hubiera baleado a algunos miembros de su familia en un altercado). La madre le pidió entonces que prendiera las velas en su casa del D.F. y que rezara dos padres nuestros y dos ave marías. Reina cumplió con el pedido al pie de la letra y nunca tuvo más miedo de ella. A partir de entonces la madre empezó a visitarla en sus sueños, charlaban, se contaban intimidades. Cierta noche le prometió que le iba a hacer de comer y le cocinó una olla entera de chiles. Mientras los preparaba le detalló la receta. De a poco, en cada sueño, le fue pasando las recetas que usó cuando vivía y compartió con su hija todos sus secretos. Reina, de por sí buena cocinera, se volvió cada día, o cada noche, más experta. Hizo tan propia la cocina que pasó de ser una habilidad a un don.

Las enseñanzas y la fiel compañía de la madre no mermaron con los años. Todavía hoy la visita en las noches. La manera en que arreglaron para encontrarse es simple: cuando Reina quiere verla pide dentro de su sueño que la visite y al otro día, en el siguiente sueño, la madre aparece sin falta. Nunca la vio en ninguna otra parte que no fuera la cocina de su vieja casa de Guerrero, ahí es donde se reúnen cada vez.
Reina no tiene fotos de su madre porque cuando vivía nunca se sacó una foto, decía que terminan siempre tiradas y se negaba a tomarse una. La cara, la expresión de la madre, sólo existe hoy en la memoria de su hija porque en los sueños ella aparece siempre de espaldas, nunca de frente. “La muerte y el paso del tiempo la desfiguraron, no quiere que la vea así”, cuenta Reina.
Con los años Reina pulió sus recetas aprendidas, las hizo más precisas. Si no conoce la receta de algún plato nuevo que le gustó, por la noche, siempre por la noche, se relaja y con lucidez de madrugada se debate sobre cuáles serían sus ingredientes, cómo se habría preparado, y de a poco adivina la receta entera. A la mañana siguiente comienza a hacer pruebas hasta que el plato le salga igual, o mejor.

Reina tuvo dos hijos y una hija. Su hijo mayor, Jesús, licenciado en educación, heredó el gusto por la cocina. Ayudaba a la madre cuando cocinaba y los fines de semana, cuando estaba en la casa, no le permitía preparar nada y él se encargaba de todo para que ella pudiera descansar. Hace unos años murió en un accidente. Reina no se recupera de su pérdida, dice que su vida perdió sentido al morir Jesús y que le resulta muy difícil encontrar una motivación para seguir. Eran muy unidos, tanto que la gente que no los conocía los tomaba por una pareja.
El otro hijo vive, es enfermero. No se casó pero tiene alrededor de ocho hijos de distintas madres. Reina sólo conoce a tres.
La hija de Reina casi no pudo conocer este mundo, murió a los dos días de nacer. La noche en que nació, Reina tuvo un sueño donde su madre se le apareció sin avisar; le dijo con tristeza que debía llevarse a su nieta porque iba a sufrir mucho si vivía, que “venía malita”. La tapó con una manta blanca y se la llevó. Al otro día, cuando la niña estaba muerta, los médicos comprobaron que tenía problemas con su corazón y que no hubiera podido sobrevivir mucho más.
La hija, sin embargo, también visita a Reina en sus sueños con la edad que tendría ahora, treinta y seis años. Le dice que está con su hermano Jesús y eso tranquiliza a la madre, la pone contenta saber que sus hijos están juntos.

Finalmente, el paso del tiempo y el sufrimiento no alejaron a Reina de su arte aprendido, la cocina. Mi interés en conocer la vida de esta mujer vino a raíz de probar, de casualidad en una reunión, una comida preparada por ella. No sabía quién la había hecho; quedé tan impactado que empecé a indagar. El dueño de casa, que quiere mucho a Reina (es sólo a él a quién ella cocina por pedido), me la presentó en la misma reunión, donde estaba como invitada. Otras personas me aseguraron ahí mismo, con cierta amargura, que le habían pedido -rogado- que les cocinara, que le pagaban lo que fuera, pero que ella les dijo que prefería cocinar para la gente que conocía en persona.
Con palabras torpes y sinceras felicité a Reina por sus platos. Me agradeció con una sonrisa breve y genuina y después de charlar un rato me invitó a que pasara por la casa en la semana, que me cocinaría algo y me contaría su historia. Esa historia, que trascribí sin alterar nada, la narró con voz suave y tranquila mientras preparaba unos carnosos chiles cuaresmeños. Me detalló los ingredientes y la receta con generosa paciencia. Creo que intuyó que yo nunca la haría porque, en el fondo, la esencia de sus recetas, así como las tragedias y las alegrías de su vida, continuarían en el misterio y en la senda atemporal de los sueños cotidianos.

lunes 3 de octubre de 2011

Ningún Infierno en distintos formatos.



…Aunque sigue siendo la misma novela, con el mismo contenido, el mismo texto, los mismos aciertos y mismos errores (1).

Pueden conseguirla en papel en la cuidadísima edición que sacó Aldus -hasta que el papel desaparezca de la tierra o se agote la edición- en FCE, Gandhi, El Péndulo, Hypatia, El Conejo Blanco. O también pedirla a domicilio en La Librería del Balcón

También pueden comprarla como libro electrónico en Biblits, en una edición ajustada para esos nuevos aparatitos tipo Kindle, E-reader, Ipad, etc. Yo todavía no puedo leer en pantallas pero me aseguran que el futuro del hombre, al menos del hombre lector, está en leer en pantallas. En mis épocas más negativas pensé que el futuro del hombre era no leer nada de nada, o sea que si hay pantallas hay esperanza. La dirección de Biblits es ESTA

Y por último, está gratis en mi blog y pueden bajarla y leerla en su pantallita casera. Es sólo un PDF que yo subí pero lo hice con cariño y plenamente convencido que el futuro del hombre será leer PDFs (o como sea el plural de estas palabras sajonas que heredamos). Ese es el futuro del hombre, el futuro de la mujer no sé, quizá sea más elevado y en castellano.

Saludos

Ale

(1) (sí, es falsa modestia. Cualquier escritor, malo o bueno, en especial el malo, se refiere a veces a su obra como buena o mala, cuando en verdad quiere decir que es buena, muy buena. Yo hago lo mismo, sólo que trato de guardar las apariencias. Por favor, no divulguen mis verdaderas intenciones).

sábado 10 de septiembre de 2011

CONMEMORACIÓN MACABRA

De chico, y por lo menos hasta la adolescencia, siempre que visitaba a mis abuelos seguía el mismo ritual: los saludaba, me sentaba a charlar y después me ponía a dar vueltas por el departamento. No porque fuera interesante, ni espacioso ni nada, sino por la cantidad de cosas que había dispersas por los cuartos principales; cuadros antiguos, muebles raros -mezcla de reliquias con madera vieja-, medallas, monedas alegóricas, una biblia enorme, de tapa recontradura y de letras tan góticas que empalagaban, etc. De entre tantos objetos mi preferido era una medalla tallada que representaba el hundimiento del barco inglés Lusitania. Me fascinaba que se pudiera contar una historia de forma tan precisa en dos viñetas. Varias veces le pregunté a mi abuelo sobre ella y él, cada vez, me contaba la misma historia, con parsimonia, sin molestia. Le gustaba contar historias, y supongo que le gustaba que yo preguntara.

De un lado se veía una fila de futuros pasajeros del Lusitania esperando para comprar su pasaje; el que vendía los pasajes era la misma muerte. Del otro lado se veía el barco hundiéndose. Mi abuelo decía que era una especie de conmemoración del hundimiento. Pero algo no me cerraba; era demasiado inquietante ese homenaje, no llamaba al recuerdo y la pena, más bien a un sutil horror que nada tenía de respetuoso. A los siete, ocho años yo no podía poner en palabras todo eso; hoy trato de hacerlo recordando mi lejana percepción. Seguro que mi abuelo me aclaró que era un homenaje venenoso realizado por los que hundieron el barco, no por los que lo sufrieron, aunque no lo recuerdo.




Hace un par de años me decidí y le pregunté a mi abuela si me regalaba la medalla (mi abuelo había muerto hacía años y nunca alcancé a pedírsela). Recién ahora, que tengo la medalla en casa, busqué su historia en un par de casas de numismática y en internet. La adultez, o la realidad, me dieron los motivos que de chico nunca supe, por más que la observara y memorizara durante largos minutos, horas, años.

Un alemán, Karl Goetz, acuñó esta medalla para conmemorar con humor macabro el hundimiento del Lusitania, o, según algunos, para darle coraje a su pueblo en época de guerra. Para ser exactos, lo hundió un submarino alemán U-20 con un torpedo. La medalla alega que por ser un barco contrabandista, lo que era falso. Murieron en el hundimiento aproximadamente 1200 personas, entre hombres, mujeres y niños. En la imagen de la fila que compra el pasaje fatídico hay un tipo leyendo un diario donde en la portada se lee algo así como “el peligro de los submarinos”.

El gobierno inglés, de rápidos reflejos políticos, hizo varias copias de esta medalla, alrededor de 300.000, para que circulara y la gente supiera de lo que eran capaces los alemanes: no sólo de matar sino de burlarse. Una medalla de esa camada inglesa es la que heredé. No tiene valor porque no es la original alemana (que tiene un error de fecha, dice 5 de mayo de 1915 y no 7 de mayo de 1915, verdadera fecha de hundimiento del barco, lo cual la hizo única).

Pero todo esto es información que pretende aclarar, justificar y entender un origen. Lo que en mi infancia me fascinó fue la trágica premonición que anunciaba la medalla. No podía entender porqué la gente compraba un pasaje si lo vendía la muerte. Era mi pregunta principal. ¿No olían algo raro? ¿Debían comprar el pasaje aunque lo vendiera una calavera sólo porque tenían que viajar sí o sí? ¿No podían evitarlo, tan idiotas eran los adultos? ¿Qué los poseía para viajar de todas formas? ¿Trabajo, obligaciones, "cosas importantes"?

Obvias preguntas infantiles que, sin embargo, iban más allá de cualquier sátira, hoy me doy cuenta. La guerra había comenzado en 1914, un año antes de la creación de la medalla, y aún así millones de personas seguían comprando sus pasajes a la muerte desde todos los bandos. Sabían que iban a morir pero igual marchaban a la guerra por motivos absurdos (las guerras suelen originarse por motivos absurdos, que se reconocen como absurdos una vez que las guerras terminan). Quizá ésa era la alegoría principal que insinuaba la medalla y sin que se diera cuenta su autor, una alegoría de la época. Será por eso que siempre me pareció que la figura de la muerte en la taquilla estaba sonriendo…

martes 23 de agosto de 2011

DENUNCIE EL CONOCIMIENTO



(Anuncio expuesto en la estación de metro Balderas)

A primera vista el anuncio de la foto nos hace creer que habla de la seguridad ciudadana. Nada más lejos de eso. Léanlo una segunda vez, notarán que en verdad es un ardid de tendencia cultural y subversiva. De una manera, digamos, subliminal nos sugiere algo distinto de la seguridad. Muy distinto.
Se nos ha adoctrinado siempre que el conocimiento debe ser absorbido y luego divulgado, pero por desgracia se cumple más lo primero que lo segundo. Será que la divulgación es optativa y algunos elitistas la desdeñan, guardándose para ellos el saber, no sea cosa que éste se democratice.

Hoy las autoridades (no queda claro si del metro, la ciudad, el gobierno federal o qué, el anuncio no lo aclara) proponen destruir este concepto elitista en pos de una divulgación masiva o, más bien, de una denuncia masiva. Las letras enormes y tremendistas del cartel sugieren que el conocimiento, al ser denunciado, se divulgará mejor.

Analícenlo punto por punto: el “si ves” remite a que vivimos en una era de imágenes, o sea que se trata de ver pintura, cine, todo tipo de artes audiovisuales. El “si sabes” está relacionado con el conocimiento en sí mismo, con su esencia. Saber algo es como decir saber mucho. No por nada los grandes sabios de la humanidad proclamaron que sabían muy poco; sólo los necios se vanaglorian de saber mucho, y suele ser porque saben poco y encima no saben lo poco que saben. La palabra final “algo”, al cabo de ver y saber, es lo mismo que decir “todo”. Ser conciente de lo poco que aprendimos es insinuar humildemente que somos capaces de aprenderlo y saberlo todo.

Es verdad que el término “denuncia” -lo más grande del cartel- usualmente se aplica a la reacción frente a un agravio. Una persona denuncia a otra que la robó, la plagió, que le quitó su novia o novio. No tenía significados positivos. Hasta hoy. ¿No cambiaría el curso de la cultura universal si de saber o ver algo que valga la pena de ser compartido lo denunciemos en vez de guardárnoslo?

Imaginen que sería de la promoción de un libro, disco, pintura, etc (en especial de artistas desconocidos) si la gente empezara a denunciarlos públicamente. Un aviso pagado en el diario podría decir: “declaro por escrito que acabo de leer un libro de poesía de tal autor. Es grandioso, hizo sacudir mi espíritu aletargado y me emocionó hasta la médula. Que este hecho le conste a la sociedad.” O: “volver a escuchar Abbey Road de The Beatles me retrotrajo a mi juventud lejana pero no por ello menos libre y creativa. No puedo menos que hacer saber a la población lo que causa oír este disco. Mi denuncia es un llamado de alerta sobre esta genialidad”.

Y así sucesivamente hasta que las denuncias sean tantas que no haya más que tomar cartas en el asunto y, al menos en los ejemplos citados, la gente lea al poeta o escuche a The Beatles, aunque sea por cumplir con una obligación ciudadana hasta hoy reservada a los alcahuetes, delatores, traidores y demás lacras de la sociedad. Es cierto que así la denuncia no será secreta, y esto, sin ánimo de ofender, es la única falla del aviso: no lo especifica, incluso genera la idea de que nuestra denuncia será anónima y así no hay manera de que la gente conozca algo valioso que otra gente quiere denunciar.

Nota al pie: el cartel dice abajo: “transporte seguro”. Al principio no entendí a qué transporte se refería (tiene la imagen de un avión a pesar de que el aviso está en el metro), pero si denunciar el saber es alimentar el espíritu, entonces supongo que lo de transporte tiene que referirse al viaje interior que uno emprende en la vida, viaje que, según algunas religiones, sabios y filósofos, es un viaje al conocimiento. Conocimiento que nos hará mejores personas, más sabias, tolerantes y amorosas. Por eso: ¡DENÚNCIELO!

martes 9 de agosto de 2011

ADOPCIONES AL ALCANCE DE LA MANO

Durante años la propaganda gubernamental nos estimuló a hacer las cosas que el gobierno no hacía. En este caso puntual me refiero a adoptar niños, animales, en fin, seres vivos en estado de desamparo absoluto. Muchos de nosotros no nos sentíamos muy lejos de una situación de desamparo absoluto, sin embargo, considerábamos las posibilidades de adoptar. Algún día.

Es posible que los tiempos duros que corren hayan hecho reflexionar al gobierno de que sus utopías, otrora enfardadas a la plebe, ya no son sustentables de ser absorbidas por ésta. No hablo de adoptar un niño/a, tarea casi imposible por la cantidad de exigencias económicas, psicológicas, morales y espirituales que la ley exige a una pareja, todo mientras los niños de la calle siguen pidiendo monedas en los semáforos, abrazando la delincuencia, prostituyéndose y demás horrores que requieren menos trámites. Tampoco me refiero a adoptar animales, siempre necesitados de cariño y atención, recordatorio permanente de todo lo que el hombre debe a la naturaleza, naturaleza que igual el hombre no deja de destruir.

No, nada de eso. Me refiero a que el gobierno aceptó que exigirle a la gente lo imposible no es justo, más si ésta no puede cumplir. Este aviso que ven abajo da paso a la nueva sociedad utópica estatal, que vivirá sin utopías y por ende podrá concretarlas todas.


Nos insta a adoptar una coladera -alcantarilla como se dice en el sur-, y para eso nadie nos exigirá una moral superior, ni plata ni un cuarto extra; podemos trabajar de sol a sol, irnos de vacaciones, incluso morirnos sin siquiera reparar en este pedazo de plancha de hierro una vez adoptada. Lo único que debemos hacer es no llenar la coladera de basura y restos de comida, aunque si lo hacemos no se quejará. Esta propuesta apunta a que seamos buenos padres adoptivos, libre de responsabilidades y en especial de paternidad.

Ayer hice una visita a la coladera que adopté. Como no sabía dónde estaba ni cuál era decidí que la primera que encontrara sería la mía. Por suerte, como la que elegí está a la vista de mi departamento, la puedo cuidar desde mi balcón. Hoy noté a la vecina de enfrente parada en el suyo, ubicado justo arriba de la coladera. Fumaba y hablaba por teléfono. Quizá ella también haya adoptado la misma coladera y quiso brindarle su amor a distancia; miraba para otro lado y estaba muy atenta a su conversación, aún así el cariño se notaba.

Otro caso de utopías prosaicas y amigables con nuestras escasas posibilidades afectivas es la adopción de parques o plazas. Hay que disponer de más dinero que el que se necesita para adoptar una coladera pero, justamente por eso, al pagarle al gobierno éste enseguida nos brinda sus jardineros que, a manera de nodrizas y nanas por contrato, velan por nuestros sitios verdes.


En la foto de arriba vemos que en este parque de camellón hay dos responsables: uno es la notaría, que imprimió su maternidad en un cartel. La otra es Angelina Jolie, que además de bella me comentan que es actriz. Angelina, de bajo perfil y más humilde que la notaría, prefirió no hacer otro cartel especial y agregó su nombre con marcador al lado del de la notaría. Verdadero amor desinteresado de madre.

En estas últimas semanas me llegó correo oficial en el cual se preparan nuevos objetivos de adopción: postes de luz, escombros, basura inorgánica para la gente que gusta de hijos tranquilos, orgánica para los que no le temen a los hijos caprichosos, alambrados, charcos de agua de lluvia, y el clásico que no muere: la adopción de un voto a favor del candidato que pueda ocasionarnos mayor daño. Por control de natalidad cívica podemos únicamente adoptar un solo voto y no puede ser público ni cantado, pero los resultados de las elecciones nos harán saber quiénes fueron nuestros hijos de y quiénes no.

Quizá este siglo que comienza genere el cambio moral que estábamos esperando, el que se adapte a -o adopte- nuestra displicente y eterna comodidad.

viernes 22 de julio de 2011

DIFERENCIAS DE CLASES SEGÚN LA ESCALERA QUE USEMOS

En la estación de metro Tacubaya hay una anciana que pide limosna todos los días. No es la única que pide, ni en esa estación ni en cualquier otra, sobra aclarar. Lo notorio es que se ubica justo a los pies de las escaleras, que para ser exactos son dos, una “común” y otra mecánica. La mujer pide sin excepción a los que bajan por la mecánica, nunca a los que bajan a pie.

Después de un tiempo la curiosidad le ganó a mi lástima y empecé a preguntarme: ¿acaso la escalera mecánica puede de alguna manera dar la sensación de más cachet? ¿Decidir no moverse y dejar que nos lleven puede confundir tanto como para hacer creer que tenemos más plata que los que deciden utilizar las piernas? ¿O es que por tratarse de personas que quieren ser transportadas asumimos que viven mejor que los que sudan, aunque los dos hayan pagado lo mismo por un boleto de metro?

Si la mujer pidiera limosna en el umbral, antes de que los pasajeros elijan por cuál escalera bajar, vería que todos son bastante iguales. Pero al parecer la sociedad dejó establecido que cualquier pretensión de ser llevado, cargado, debe atribuirse a alguien de buen nivel económico, aunque sea pobre. La vieja pordiosera así lo cree, o al menos así lo percibe, en el caso de que no haya meditado puntualmente sobre el asunto.

Lo que no falla, al menos en el metro y al margen de la percepción, es que todas las escaleras y los caminos entre las clases conducen, en general, a un mismo resultado: nunca nadie le da un peso a la señora.

domingo 3 de julio de 2011

DEFENSA SIN APOLOGÍA DE LOUIS-FERDINAND CÉLINE



El Estado francés no homenajeó ayer, 1 de julio, los cincuenta años de muerto de Louis-Ferdinand Céline, unos de los grandes escritores del siglo XX. Los voceros culturales alegaron que no se puede festejar a alguien que colaboró con la ocupación nazi en Francia y que fue un convencido antisemita. Se generó cierta controversia, hasta hubo gente que propuso encarar el aniversario sin festejo y destacando tanto su calidad literaria como su infame orientación ideológica. Al final no ocurrió.
La cuestión de no homenajear a Céline es un tema exclusivo del Estado francés, lo que es válido preguntarse es si se debe únicamente a los motivos que alega. No es poco adherir al nazismo, claro, pero quizá haya algo más…

Céline fue un escritor alejado de todo acartonamiento, de la academia, no lo seducían las luces de la Francia culta. Sus diatribas furiosas lo dejaron fuera de lo que legítimamente le pertenecía: ser considerado protagonista esencial de la literatura francesa del siglo pasado, incluso antes de Sartre o Camus. Pero, ¿le importaba tanto? ¿Hizo algo por ser aceptado, integrado? En verdad, no. No le interesaba, y no porque fuera humilde o cuidadoso sino porque se pasaba el tiempo recelando de todos, escribiendo, es cierto, panfletos antisemitas, incitadores al caos, pero principalmente una literatura demasiado genuina para ser compartida por la academia que, se sabe, debe controlar a un autor para recién luego explicarlo y canonizarlo. Céline no iba a comulgar con eso.

Lo que puede incomodar todavía a muchos escritores de profesión es que escribía por necesidad. Creó una prosa original y descuidada que brotó desde el sentimiento profundo; sus escritos no nacieron en base a propuestas o formalismos, su calidad literaria es a pesar de él, o camina junto a él. León Trotsky escribió un artículo sobre la fundamental novela de Céline, Viaje al fin de la Noche, pocos meses después de su publicación en 1932. Allí el revolucionario ruso dice: “Céline es un moralista. Mediante procedimientos artísticos profana paso a paso todo lo que habitualmente goza de la más alta consideración: los valores sociales bien establecidos, desde el patriotismo hasta las relaciones personales y el amor…” “…Escribe como si fuese el primero en enfrentarse con el lenguaje. Sacude de arriba abajo el vocabulario de la literatura francesa. Los giros gastados caen como una pelota lanzada. Por el contrario, las palabras proscritas por la estética académica o la moral resultan irremplazables para expresar la vida en su grosería y bajeza…” “…Quiere arrancar el prestigio que rodea a todo lo que lo espanta y atormenta. Para descargar su conciencia ante los horrores de la vida, este médico de los pobres necesitó nuevas reglas estilísticas. Ha resultado ser un revolucionario de la novela”.

Diferenciándose de los escritores que cultivan su imagen, Céline fue un hombre gris, del montón, que narró en Viaje al Fin de la Noche los avatares de un hombre gris, del montón, sólo que con tanta pasión, talento y sensibilidad que fue capaz de llevar sus desesperanzas tan alto como para sacudir la gran literatura. Al leer esta novela uno se siente hermanado con Ferdinand Bardamu, el protagonista; se identifica con su opacidad y falta de objetivos ya que son los que todos, más o menos, sufrimos en la vida diaria. Céline mostró como nadie lo banal y terrible de la existencia humana, el hecho simple y precario de no ir hacia ninguna parte, no sólo de no concretar los sueños sino de no tener sueños. Eso va más allá del hombre moderno, es el hombre en sí mismo.

Es lógico pensar que si lo hubiera dicho de forma más correcta o con cierto olor a tesis hubiera sido aceptado por el mundillo literario, pero lo dijo de forma bastarda, frontal, insurrecta. Y siguió diciéndolo desde su lugar de proscrito, primero por la sociedad y después a causa de su antisemitismo / fascismo. Sin duda lo que lo hizo único fue su primera pelea, con la sociedad. Si como hombre se dio por vencido frente al mundo de los poderosos, de lo establecido, de lo inevitable, que es no ser feliz, como escritor ofreció combate al hacer gritar su alma pisoteada, fea, sincera, algo que la mayoría de los escritores intentan y no logran, y lo que la mayoría de la gente, al interactuar con los demás, tratando de sobrevivir, tampoco logra. Ese es el hallazgo de Celine.

En vida, quizá el arrepentimiento público por haber sido colaboracionista lo hubiera salvado del oprobio, podría haber renegado de sus ideas, de sus odios y encauzarse hacia los valores establecidos de la posguerra, pero no le importó. Su desprolijidad y desprecio incontenible lo perdieron para siempre de las glorias literarias. Otros escritores extremos pero más formales, como Ernst Jünger, pudieron retomar la senda de las letras de bronce al rectificar -honestamente o no, quién sabe- su pasado fascista. La discusión de las personalidades de la cultura de la Francia actual respecto a Céline es digna de funcionarios públicos, de un gris sin atributos, lo contrario al gris genial de este escritor. No lo saben, pero en parte lo salvaron del tedio de un evento oficial, de retrospectivas interesadas en vista de una posteridad de mármol.

¿De estar vivo cómo hubiera reaccionado Céline frente a este dilema? Probablemente despotricando por no ser festejado, a la vez rechazando el festejo por hipócrita para luego perderse en injurias contra la humanidad. Al hablar de la guerra y de vivir o morir su personaje Bardamu dice: “Quien habla del porvenir es un cretino, lo que cuenta es el presente. Invocar a la posteridad es hacer un discurso a los gusanos”. Ese discurso es el que le acaban de negar a este autor. Da igual, lo que importa son sus futuros lectores no el Estado francés, y ellos están libres de sospecha: no tendrán inconvenientes en hermanarse con Bardamu y seguir viajando al fin de la noche por siempre, sin necesidad de fanfarrias o etiquetas.

(Nota publicada el 1 de julio en Laberinto, suplemento cultural del diario Milenio)

martes 21 de junio de 2011

IRREVERENCIA EN LA CATEDRAL

Tenía que hacer tiempo para una reunión. Estaba en el centro histórico y no quise ser original, así que paseé por la plaza, miré el descuidado mapa a escala de Tenochtitlán y finalmente entré a la catedral. Atravesé la nave, di vueltas por los pasillos y rincones, todo a media luz. Siempre me pasa lo mismo: yirar por las iglesias sin ser religioso me genera cierta incomodidad, me siento un intruso, como un turista sacando fotos.

Pasaron los minutos y me di cuenta que los turistas -que eran legión- resultaron en ese contexto, con sus fotos y murmullos, tan genuinos como los que rezaban. La iglesia se adornaba con los dos.
Hice lo que nunca, me senté en uno de esos bancos largos e incómodos. Los sentados rezaban, los turistas se mantenían de pie, buscando el ángulo. Observé los miles de detalles del retablo ultra barroco y puse cara seria, como si me importara.

Una mujer detrás de mí parloteaba en voz baja con una amiga. Sin duda eran devotas pero ahora se tomaban un recreo entre rezo y rezo.
- … Y otra vez me vino con lo mismo el chamaco. Mamá, ¿por qué dios no tiene cara?
- Ah, mira. ¿Qué le dijiste?
- Por seguridad.

Me levanté, renegando de mis cuidados hipócritas, y paseé por la catedral con un desparpajo que nunca alcanzaría el nivel de respuesta de esa señora.

viernes 25 de marzo de 2011

A 34 AÑOS DEL ASESINATO DE RODOLFO WALSH



Viajó en tren desde la provincia de Buenos Aires a la capital, con un sombrero de paja, parte de su disfraz de jubilado. Llevaba una pistola calibre 22, pero su arma principal, que también llevaba encima, estaba hecha de palabras. Era una carta. Sabía perfectamente que a causa de sus palabras era que lo buscaban desde hacía años; tenía el don de hacer de sus ideas duros y reveladores escritos, siempre denunciantes del poder político y sus crímenes. Ahora, bajo la dictadura militar más sanguinaria de la historia de Argentina, continuaba persiguiendo a sus perseguidores, prácticamente solo. Planeaba enviar la carta a medios de comunicación nacionales y a corresponsales extranjeros.

Ese 25 de Marzo de 1977 la ciudad de Buenos Aires debió verse vacía, controlada, solitaria. Nada de ruido ni gentío, el silencio era el eje de hierro de la vida diaria, por más que muchos millones de argentinos lo negaran o pretendieran acostumbrarse. El año anterior, luego del violento golpe de estado, él y un pequeño grupo de periodistas y militantes habían creado ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina). Sin descanso, informaban sobre lo que nadie quería informar: las atrocidades cometidas por la dictadura. Los periódicos de la época recibían esos cables. Jamás los publicaron. Por miedo incluso a veces ni los leían, aunque en algunos medios extranjeros llegaron a divulgarse.
Su carta, esta vez, iba firmada. Con su nombre y número de documento. Entre tanta censura y omisión decidió que firmar y hacerse responsable de su texto era más necesario que nunca. Es inútil mencionar que se jugaba la vida.

Llegó a la esquina donde debía verse con un compañero de la organización guerrillera. Algo estaba mal, quizá haya visto demasiado movimiento o demasiado poco. No tardó en advertir que la cita estaba cantada, lo que significaba que su compañero había sido apresado y bajo tortura confesó donde iban a encontrarse. Uno de los represores del grupo de tareas del ejército tenía la orden de taclearlo (era ex rugbier) y capturarlo vivo. El militar no pudo taclearlo, y Rodolfo Walsh sacó su pistola, no tanto para matar sino para impedir que lo capturaran. Lo había dicho él mismo en un escrito meses atrás: ser capturado vivo significaba torturas indefinidas, delación, humillación.

Encargado de logística, jefe de información de la organización guerrillera, el escritor y periodista era uno de los objetivos más buscados (¿odiado, temido?) por los cabecillas de la dictadura. Walsh disparó y enseguida varias ráfagas de ametralladora cayeron sobre él. No se sabe si llegó vivo al siniestro centro de detención clandestino de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) o si murió en el tiroteo, lo cierto es que no sobrevivió a ese día. Al final no pudieron sacarle nada, sin contar con que antes de acudir a la cita-trampa ya había depositado en un buzón su hoy célebre “Carta Abierta de un Escritor a Junta Militar”, dirigida a los principales medios periodísticos. En ella analizaba con impresionante lucidez, anticipándose a toda investigación realizada posteriormente en democracia, los horrores que estaba viviendo la nación argentina: exponía sus infamias, su rendición al capital financiero, su deliberada entrega del estado a manos privadas, la censura, el control ideológico, el asesinato; todo estaba ahí.

La carta no fue publicada en su momento. Hoy es un documento histórico y literario. Si en estos días nos tomamos el desagradable trabajo de observar a los genocidas argentinos mientras son juzgados podremos notar, además de su rigidez, su silencio. No hablan, y es que no tienen nada que decir. Un genocida mata porque él mismo está muerto, su relación con los demás existe a través de la opresión, no puede ofrecer más que silencio, espanto, miseria.

Walsh, escritor vivo, hizo de la palabra literatura y denuncia, periodismo y poesía. Sus ideas, ideales, se siguen expresando porque están vivos y fueron dichos en voz alta. No sólo son el reflejo de un momento histórico sino de una ética personal, de un admirable estado de conciencia.

(Nota publicada el 19 de marzo en Laberinto, suplemento cultural del diario Milenio)

sábado 19 de marzo de 2011

CUANDO LA VIDA ANULA AL ARTE

Si la ficción suele rechazar las historias demasiado prolijas por artificiales la vida no, porque cuando ocurren, en esa cosa con mil interpretaciones que es la realidad, basta con que seamos testigos para aceptarlas como hechos. En literatura, aunque se nos afirme que una novela o cuento están basados en hechos reales, nos sentimos con derecho a desconfiar, ya que la ficción tiene sus reglas y la realidad no las cumple, o en el caso cumple sus propias reglas.

No haré conjeturas eruditas -porque no soy erudito- sobre la alegoría como hizo Borges, ni sobre el pos modernismo y sus trampas del “todo vale” narrativo, ni voy a menospreciar las historias que cierran bien y que, hoy por hoy, están mal vistas entre escritores serios y consumados. En vez describiré una imagen y una anécdota puntual que quedaron en mi memoria durante años, tan literarias las dos, tan imitadoras del arte, que me resultaron excesivas para ser narradas en cuento o poesía.

Por solicitud de un productor amigo encargado de una película de bajo presupuesto, trabajé como extra en una breve escena que se filmó en la vieja cárcel de Caseros, en Buenos Aires. Entramos con el escaso equipo técnico al patio de la prisión, previamente desalojado de internos para que pudiéramos trabajar. Mientras el fotógrafo y el director armaban la escena los demás, distraídos, caminamos por ahí. Cada uno rumbeó por donde pudo; era una cárcel normal, con muchas rejas, puertas cerradas y poco lugar para recorrer. Nada resultó interesante, más bien tétrico, gris, deprimente. Bajé unas gradas y encontré un gorrión muerto en el piso. Tenía el piquito abierto, las alas tiesas y muy extendidas. La imagen fue tan fuerte, tan frontal y alegórica que no tuve que ponerle una sola palabra encima.

Luego de filmar las primeras escenas tuvimos un rato de descanso. No habíamos visto a nadie, salvo a los dos guardias que nos abrían y cerraban puertas (esos sí nos contaron historias insólitas de fugas y cadáveres en las cloacas desde la época de la fiebre amarilla, pero, ¿quién le tomaría la palabra a unos guardias siniestros y aburridos?). Me acerqué a una zona donde nos avisaron que los presos habían sido agrupados -encerrados, otra vez-, hasta que termináramos de filmar. Patético honor el nuestro, de no mezclarnos con los indeseables. Un preso pegó la cara a una de esas rejas entrelazadas que no dejan espacio entre un espacio y otro, apenas se le distinguían las facciones. Llamó a una ayudante de producción, la única mujer del grupo, y ella, tímida, con ganas de no ir, se acercó a la reja y hablaron brevemente. En un par de minutos volvió y le preguntamos qué le había dicho. Miró hacia otro lado, movió la cabeza, no lo dijo. No volvimos a preguntarle. Esa pequeña intriga, con más posibilidades de ser narrada que el gorrión, no me marcó tanto como la triste ave en el cemento. Sin embargo, lo que el preso había o no dicho a la productora enmudecida era una escena concreta, no cerraba, y al menos desde el punto de vista literario se le podía sacar algo. El gorrión, en cambio, estaba dicho.

Con todo, la imagen persistió en mi cabeza por años y sigue ahí. Cuando la recuerdo me genera la misma pena y soledad que me generó esa tarde de invierno, de sol frío y deprimido. ¿Puede uno impactarse por algo tan alegórico, tan directo? ¡Claro! Pero no sé si uno puede hacer un poema o una narración de eso sin caer en lo obvio o lo cursi.

La anécdota se dio en el tren, en un denso verano porteño, como todos los veranos porteños. Viajaba de Retiro a Hurlingham, barrio suburbano de Buenos Aires, disfrutando de la poca gente que había en los vagones, ubicado en un asiento para dos, yo y mi libraco, Los Siete Pilares de la Sabiduría, de T.E. Lawrence, el gran Lawrence de Arabia. Iba por la mitad y mi idea era terminarlo a lo largo del fin de semana. Me dirigía a la casa de mis primos a pasar esos dos días libres, contento y con ganas de disfrutar. Más bien, con la certeza de que iba a disfrutar.

El tren dejó atrás la Capital y cruzamos a provincia. El sol jugaba con las rápidas sombras de las salientes de las ventanas, en cada estación una brisa agradable enfrentaba al vaho caliente que nos acechaba al detenerse el tren. Pasaron vendedores ambulantes a los gritos. Cuadernos, golosinas, lápices, pilas, más baratos que nunca. Un viejo de aspecto juvenil entró al vagón sin ánimo de gritar los beneficios de las biromes que vendía, apenas las nombró a media voz, tomando el riesgo de que nadie oyera lo que a nadie importaba oir. Me pareció verlo desaparecer por el costado del ojo cuando de pronto estaba al lado mío. Levanté la vista. Sonrió sin mirarme, miraba mi libro. Exageró el tono de voz y dijo: “¡Uuuuuyy, qué libraco estás leyendo! ¿Cuál es? ¿Por dónde vas?” Con agria sonrisa le mostré el libro a la mitad. Hizo un gesto de no entender. Se rio, exagerando también la risa. “Uuuuy, suerte con eso, te falta un buen tirón! ¡No te van a alcanzar las estaciones que quedan para terminarlo, ja, ja. ¿Es bueno? ¡Más vale, con ese tamaño, ja, ja!”.

Murmuré algo sin ganas. El tipo se fue y pasó a los siguientes vagones. Un rato después sentí de nuevo su presencia junto al asiento. Levanté la vista con los párpados a la mitad, con más mal humor que soberbia. Me miró a los ojos; los suyos relampaguearon con astucia. Dijo: “Lawrence no murió en un accidente de motocicleta, como dijeron y como se ve en la película, algunos hasta insinuaron suicidio, pura falsedad, fue el Foreign Office que lo mató. Nunca habían soportado a Lawrence, él quería a los árabes y sentía que su gobierno los había traicionado a ellos y también a él. ¡Y tenía razón, el inglés!”.

El viejo se fue sin que yo llegara a abrir la boca. De abrirla no hubiera dicho nada. Lo observé alejarse con sus biromes de mala calidad. Me reí, sorprendido en mi mala fe, y admirado. Había jugado su papel de ignorante con un timing genuinamente literario: primero me dejó la impresión de que era un pesado que hablaba por hablar, y al final, después de recorrer todos los vagones, volvió para rematar su historia, sin saber si yo estaría todavía en el tren. Quise averiguar sobre él, pregunté en la estación si alguien sabía quién era el misterioso vendedor de biromes, pero nada. Los guardias y los expendedores de boleto mencionaron que había “muchos vendedores al día”, eso fue todo.

Las veces que cuento esta anécdota algunos me preguntan porqué no la hago cuento. Respondo que no puedo, ya está hecha (juro que la narro tal cual fue). ¿Será que la realidad, cuando imita al arte, lo anula y no le deja resquicios que insinúen que una situación “podría no haber ocurrido”? ¿O es que la literatura, la ficción, debe fingir un devenir y en vez de plasmar acciones llamativas las aplana para hacer creer que una fuerte dosis de incertidumbre contagia el texto, igual que la realidad y sus caprichos contagian a la vida? Quizá eso es lo que consiguen los buenos autores, crear un universo singular con leyes propias y, sobre todo, un astuto devenir.

Es posible que el viejo del tren fuera un cuentista consumado ejercitando su oficio, quién sabe. Si antes de irse hubiese dado media vuelta para decir que escribía, que leía mucho, o que el libro de Lawrence le había fascinado se habría roto el encanto. Habría aparecido no el devenir sino el costado más obvio de la vida cotidiana, el de las explicaciones, las justificaciones, que sin embargo muchas veces exigimos cuando no entendemos algo o no queremos andar con rodeos. El viejo, conciente de eso, se fue sabiendo que no era un cuento lo que había creado sino un momento literario insertado en lo real.

Releo lo que escribí arriba y me doy cuenta que, al margen de toda especulación y alertas de probables alegorías, hice lo que durante tanto tiempo tuve ganas de hacer: narrar el gorrión y el vendedor de biromes. Siento que valían la pena, a pesar de los obstáculos formales.

jueves 13 de enero de 2011

QUINTO CAPÍTULO DE "LAS AVENTURAS DE JORGE"

¡CONTINÚAN LAS SAGAS JORGEANAS!

En este capítulo el autor muere. Por eso, si hasta ahora les gustó más o menos la historieta, leerán el capítulo por morbo. Si no les gustó quizá lo lean con gusto y con la esperanza de que se suspenda de una vez. A lo que voy es que tanto seguidores como detractores pueden echarle un ojo, medio ojo o, en el caso, leerlo con los dos ojos pero con los párpados a la mitad.

(Gracias especiales a mi preciosa Tere, que me ayudó con el photoshop y con diversas habilidades plástico-cibernéticas que ella domina a la perfección y que yo ignoro, no comprendo y hasta temo).

NOTA: una vez abierta la imagen de un clic, dénle otro clic (sí, cuanta burocracia, lo sé), y verán la imagen en cinerama, como vieron en su época Ben Hur o Lawrence de Arabia.






















sábado 30 de octubre de 2010

DECÁLOGO INFAME DEL GUIONISTA CINEMATOGRÁFICO

A continuación se enumeran algunas de las mentiras y malentendidos que suelen trastornar a la gente que, no siempre mal intencionada, se dedica a escribir guiones para cine:

1- SER GUIONISTA ES UNA VOCACIÓN. NO SE ELIGE SER GUIONISTA, SE NACE.

Ni falso ni cierto: imposible. Nadie nace sabiendo que va a ser algo que no está definido. Al crecer -y por dejarse confundir por las brillantes luces del cine-, el escritor que podría haber sido un decente narrador en otros rubros se decide a ser lo que nadie sabe si es ser algo o no ser nada: un guionista. Para cuando se da cuenta que en el cine no hay reconocimiento ni, en el caso de los más guionistas más frívolos, fama y dinero, ya perdió el coraje, la inspiración y la energía para escribir en cualquier otro medio. La prosa y la poesía podrían ser quizá ese medio, y aún considerando que están algo caducas se interpretan como arte genuino, aunque nadie lea ni prosa ni poesía.

2- LA MEJOR ARMA DE UN GUIONISTA ES TENER BUENAS IDEAS.

Falso. A nadie importa si un guionista tiene imaginación, talento o si es capaz de escribir una buena historia. Esos son cuentos que en las escuelas de cine cuentan a sus alumnos para no desanimarlos de pagar la cuota. El cine es negocio en un 100 % (con un 1 % ciento para arriba de margen de error), manejado por gente que no sabe nada de historias ni le importa saber. Sin embargo, las películas que se terminan haciendo en Latinoamérica nunca son exitosas pero el negocio de hacerlas sí, porque depende de saquear al estado y de no rendir cuentas, ya que se trata de arte subsidiado.

3- LOS PRODUCTORES SIEMPRE ESTÁN A LA BÚSQUEDA DE BUENAS HISTORIAS Y HAY QUE APROVECHARLO.

Falso. Es una frase que los productores dicen por decir, en verdad sólo buscan producir guiones de amigos o gente que les conviene apadrinar, guiones que seguro no han leído aunque no por eso dudan que sean lo suficientemente malos para ser filmados. Por desgracia, para quedar bien (¿frente a quién? No se sabe, pero se está investigando) a veces afirman en público que buscan buenas historias. Nadie les cree, salvo los guionistas, y porque están desesperados.

4- LO IMPORTANTE PARA UN GUIONISTA ES ESCRIBIR MUCHO Y DIVULGAR SUS OBRAS HASTA QUE ALGUIEN LAS VALORE Y RECONOZCA SU CAPACIDAD COMO NARRADOR/A.

Falso. Principalmente, para enamorarse de una historia, incluso de una persona, el productor debe saber lo que es el amor. No lo sabe; y no sólo eso, no sabe nada de nada, por eso produce películas que a nadie gustan, porque al desconocer el amor no sabe lo que es herir el corazón de una persona sensible, en este caso un espectador incauto que no aprende de ejemplos anteriores y le da otra chance a la mediocridad mediante el pago de una entrada.

5- HAY QUE, DE A POCO Y SIN DESESPERARSE, IR ENTRANDO EN EL MEDIO CINEMATOGRÁFICO PARA CONOCER GENTE HASTA DAR CON LA PERSONA QUE NOS DE LA OPORTUNIDAD DE BRILLAR.

Falso. En sociedades más adeptas a los mitos y las fábulas eso se traducía antiguamente como ir en busca de Shambhala, El Dorado o la Fuente de la Juventud; es decir, ir en busca de lo que no existe para mitigar la pena de la existencia humana. Un guionista experimenta la pena más banal al ser ignorado toda su existencia, y no muere como un viajero místico escalando cerros fabulosos en busca de ciudades doradas sino como un perro callejero, solo y abandonado. O dicho de otro modo, como un verdadero guionista.

6- ES IMPORTANTE QUE NOS CONTRATEN PARA ESCRIBIR UN GUIÓN POR ENCARGO, Y LUEGO TRATAR DE LLEVAR LA HISTORIA HACIA DONDE QUERAMOS QUE VAYA, YA QUE UNA IDEA, SI ES BUENA, SERÁ ESCUCHADA.

Falso. Un guión por encargo empieza mal y termina mal porque su camino siempre fue malo. Además, si un productor y un director quieren hacer algo mediocre un guionista no es quién para sugerirles lo contrario. Se lo alquila no como cerebro sino como parte de una gran máquina que, por no funcionar, acabará realizando un pésimo producto, que no necesariamente una película.

7- UN GUIONISTA SIGUE LAS DIRECTIVAS DEL PRODUCTOR O DIRECTOR QUE LO CONTRATA.

Cierto. Lo que vuelve al guionista un sujeto para nada inocente y un incitador a su propia violación. Eso genera que casi nunca escriba buenos guiones, menos en Latinoamérica, donde los directores suelen mentirse a sí mismos creyendo que hacen cine de autor cuando sólo hacen películas malas que ve poca gente, al revés de Hollywood, donde los directores tampoco son artistas y hacen películas malas que ve mucha gente.

8- EL GUIONISTA NO TIENE LA CULPA DE SER MALTRATADO POR PRODUCTORES Y DIRECTORES.

Falso. De ser inocente y puro no trabajaría en cine -lo cual le impediría ser maltratado por gente de cine y en vez sería maltratado por gente de otros medios-, no viviría de vanas esperanzas ni rodeado de personas que al final de sus días comprobará que eran muy parecidas a él/ella, por más que siempre lo haya negado, creyendo que no era parte de los engranajes de una máquina oxidada y sin una gota de aceite, ya no digamos tuercas y tornillos (máquina a veces denominada “séptimo arte” aunque únicamente por académicos perversos).

9- EL GUIONISTA LATINOAMERICANO TIENE LA POSIBILIDAD DE ESCRIBIR GUIONES DE PELÍCULAS MÁS LIBRES, MÁS ARTÍSTICAS Y MÁS PERSONALES QUE EN HOLLYWOOD.

Falso. Es decir, podría ser cierto pero no lo es. El cine suele ser un medio pervertido sin importar su país de origen, orientación política, étnica o religiosa. Es reaccionario y mojigato por costumbre y se debe a que mueve mucho dinero. El guionista no ve mucho de ese dinero pero estar cerca le hace creer que sí. En Latinoamérica el cine es igual de malo que en otras partes, ocurre que al tener -en sus mejores cintas- cierto contenido demagógico y pseudo artístico con tono regional, engaña a los directivos de festivales europeos que se obsesionan en darle premios en forma de diversas figuras alegóricas bañadas en oro o plata, con un largo prestigio inventado por ellos mismos.

10- ES COMÚN POR PARTE DE LOS DIRECTORES EL ROBO DE LA AUTORÍA A LOS GUIONISTAS

Cierto. También falso. Son pocos los guionistas autores y con verdadero talento, se cuentan con los dedos de una mano y de la mano de alguien que perdió la mitad de los dedos en un accidente industrial. En general, para robarse la autoría de un guionista el director debe, al menos, tener un gusto mínimo, o una capacidad intelectual no tan reducida como para saber qué robar y qué no. Eso se da muy de vez en cuando, vale decir que esa clase de directores son los buenos directores. La mayoría no roban la autoría, más bien la destruyen por completo al hacer una pésima película a partir de un guión de dudosa calidad.

Agregamos un punto extra de yapa, o pilón, que sería el 11 pero que denominamos 10 bis para darle a esta queja más caché:

10 bis- EL GUIONISTA PUEDE Y DEBE HACER VALER SUS DERECHOS.

Cierto en teoría, falso en la realidad. No hay derechos que hacer valer entre megalómanos sin talento ni cultura (cultura general, no digamos una aplicada), o sea, entre gente que hace cine. Esta deficiencia del saber entre productores y directores ocasiona que el guionista tienda a disfrazar su propia falta de talento y crea que está siendo limitado, que no lo dejan expresarse y que puede dar mucho más de sí. Consigue que sus lamentos parezcan los de un artista estafado en lo más profundo de su moral y no las quejas de otro incapaz en una larga cadena de incapaces.

(NOTA: Es un decálogo antojadizo, mala onda y no muy exacto, es cierto, pero ¿qué pretenden? ¡Soy sólo un guionista!)

(c) Alejandro Hosne 2010

domingo 26 de septiembre de 2010

PARA HUMILLAR A LA PERSONA AMADA


Aviso en vagón de Metro Ciudad de México, línea 9


No hay mucho que agregar a lo que dice este aviso, pero si uno consigue superar su retórica salvaje y alucinada destaca lo esencial de la propuesta: es perfectamente viable.

Léanlo bien -dejando de lado la risa o la indignación- y verán que es tan lógico y consecuente como la gravedad o la rotación de la tierra. Si dijera algo del estilo de “hacemos que la persona que lo abandonó o que lo engaña vuelva a usted de inmediato y lo ame para siempre” no le creeríamos nada, ni siquiera tendríamos que pensarlo, se trataría de la estafa común y corriente de cualquier publicidad, una promesa vacía que nadie espera que se cumpla. ¿Quién podría lograr que una persona que nos mandó al carajo o que nos maltrata regrese y nos ame sólo porque lo deseamos? Nunca visto.

Ahora bien, si nos aseguran que podemos doblegar a la persona que nos abandonó o nos maltrata sí empezamos a creerle, porque la humillación es un vicio que la humanidad suele ejercer de forma exitosa, rítmica, interrumpida, al revés del amor, que en general se ejecuta torpemente. Por eso, si tienen problemas graves con su pareja, si intentaron la reconciliación por medio de palabras dulces o haciendo un acopio del amor compartido durante tanto tiempo y no sirvió, sepan que carecen de lo fundamental para ser exitosos: la dominación del otro.

No sé si enseñar a humillar al ser amado es enseñar sobre el amor, pero sí sobre los usuales mecanismos de las relaciones afectivas que, muchas veces, no tienen nada que ver con el amor sino con la más bastarda territorialidad y egoísmo. La herramienta de tortura psicológica que propone este aviso -espero que sea psicológica y no un mero sometimiento físico, sería una desilusión- quizá sea consecuencia de haber aceptado como real la peor parte del ser humano, de atreverse a evitar las inútiles mieles del sentimentalismo y gritarlo delante de todos y de nadie en un aviso de metro apenas visible, con un cinismo tan descarado que resulta casi admirable.

Están enterados: en caso de que el resentimiento con sus parejas los haga rebasar cualquier límite ético ya tienen a quién llamar por consejo. Prepárense.

sábado 4 de septiembre de 2010

LO ABSURDO COMO LIBERACION

Estoy convencido de que a las ciudades grandes, como pasa con el D.F., les llega el terrible momento en que empiezan a crecer solas, a desafiar cualquier intento de urbanidad y armonía arquitectónica y se vuelven simplemente monstruosas. Se hace imposible contenerlas, más si nadie aspira a contenerlas sino a esquivarlas (¡cómo si eso se pudiera!). El D.F. es un buen ejemplo de ciudad con expansiones de godzilla en pleno ataque de pánico.

Ante todo aclaro que no sólo no tengo nada en contra del D.F. –vivo en él hace años- sino que tampoco intento emitir una opinión del estilo de “me gusta o no me gusta”, porque esta urbe es demasiado desproporcionada para reducirla, valga la expresión, a un mero tema de gustos. El D.F. ya no es lindo ni feo, es incorregible (1).

La ciudad cobró vida gracias a los frankensteins delegacionales y jefes de gobierno que la abandonaron a su suerte -mala, como la de cualquiera que es abandonado-, y sobre todo por nosotros, sus habitantes, que observamos inertes o con perversa ambigüedad cómo se nos acercan amenazantes esas miles de toneladas de cemento, vidrio y concreto con los cuales se creó el golem; nuestro golem, alimentado de tráfico, enajenación e histeria y que se vuelve contra nosotros en cuanto pisamos la calle.

¿A qué va todo esto? A que los otros días encontré algunos ejemplos de seres humanos -al fin y al cabo las ciudades, en teoría, están diseñadas para que las habiten seres humanos- que mostraban subversión, desafío, imaginación. Un desafío, digamos, casi cósmico, una evidente oposición a lo irracional por medio de una ilógica creativa.
Esa gente defendió su derecho al absurdo en busca de -diría Albert Camus- unidad frente a la totalidad, de rebeldía contra el totalitarismo de la insensatez y falta de propuestas que, en este caso, vendría a ser la urbanización de lo ridículo y la construcción de lo desordenado. Es decir, de la ciudad.

Vamos a los ejemplos:


Casa cualquiera en la colonia Coyoacán


Esta placa que vemos en la foto atestigua lo que sus dueños quieren aclarar al transeúnte que se digne a levantar la vista. La aclaración viene como respuesta a una pregunta nunca hecha y en consecuencia no aclara. Si pensamos que las puertas citadas, en su abrir misterioso, podrían abrirse hoy como no se abrían antes, entendemos el tono de fastidio de la cita: ¿cómo tenemos el tupé de cuestionar el abrir de las puertas, en primer lugar? Si observamos con detenimiento la casa (yo lo hice) no notamos nada raro en sus puertas, pero quizá sea porque seguimos la línea irracional que siguen las casas y las ciudades, que dictan que una puerta debe abrirse por un motivo en particular o por alguien en particular. Por fortuna, la ilógica de los dueños de esta casa nos frena a tiempo y nos hace entender que no entendemos, y que por eso vivimos en la ciudad.


Arbol en la colonia Nápoles

Este árbol nos sugiere el salvataje desesperado de algún empleado delegacional amante de la naturaleza. Cuando di con él, caminando al azar, me emocionó que lo hubieran rescatado y no dejado morir por construir una banqueta (vereda) o una calle. Pero una noche -mucho antes de esa melancólica caminata-, casi choco contra él manejando en el auto y puteé de lo lindo contra el imbécil que lo dejó ahí, en plena calle y sin aviso. Sólo tiempo después me di cuenta que se trataba del mismo árbol.
Sin embargo surgen dudas: ¿si el empleado delegacional amaba tanto al árbol, por qué no consideró que dejarlo en la calle era exponerlo a que lo chocaran una y otra vez? Si tanto respetaba la vida del árbol, ¿no hubiera convenido ensanchar la banqueta y dejarlo a salvo? También pudo ocurrir que fuese al revés, que el tipo/a odiara el árbol y en vez de motosierrarlo lo expusiera a ser ejecutado por los automovilistas del D.F., lentamente, golpe tras golpe. Se sabe, además, que al manejar los automovilistas se vuelven tan locos como la ciudad misma y dejan de ser personas para ser chatarra en estado de furia. Como sea, la vida de este árbol sugiere motivos contradictorios en sus salvadores y hasta podemos sospechar que hubo malicia. Sin embargo, el árbol continúa viviendo.

Estas dos incógnitas que señalé -una apenas visible, la otra tan visible que nadie la nota-, remarcan que el verdadero sinsentido en nuestras vidas debe ser creativo, desafiante, enigmático. Si hacer morir una ciudad por el hecho de dejarla crecer como monstruo mutante es en verdad el efecto de un nihilismo estúpido, evidenciar el absurdo universal es el resultado de una sabiduría lúcida, alucinante, digna de un ser humano que no quiere abandonarse a la confusión y que -otra vez cito a Camus- grita sus desesperadas ansias de unidad.

(1) Que no se enojen los peronistas, al contrario. La siguiente frase atribuida a Borges: “los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles” se puede usar para un sinfín de otras cosas que no sean los peronistas y quizá con mejor resultado. Pero, claro, primero debemos aceptar que le estamos robando la frase a Georgie.